No hay que ser pitoniso, o adivinador, vidente, clarividente, o en su defecto haber estudiado en Massachusetts, Harvard, Oxford, Cambridge, o en cualquiera de las buenas universidades existentes en Colombia, para predecir nuestro futuro laboral.
Es solo hacer una retroalimentación de lo que hemos vivido y de lo que irremediablemente va suceder y a quienes van a golpear. Ya es de conocimiento que por efectos de la Covid-19, Colombia llegó a tener un desempleo del 21% y el Dane, nos reporta que finalizando el año 2020, éste bajó a un 14%.
Para no ser demasiado incrédulos, vamos a intentar creerle a éste ente estatal, y expresamos lo anterior por ser la realidad inmensamente inversa ya que esas cifras están dadas en las principales ciudades del país, pero si miramos las de provincia, muchas han perdido su identidad económica, no se sabe si son pequeñas o medianas industrias, agricultores o ganaderos, la violencia en todos sus géneros, ha hecho del desplazamiento uno de los peores factores de incidencia en el desempleo y la producción del campo, tan es así, que el mismo Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas, nos informa que 23 ciudades rurales siguen contando con ése 18.4% de desempleo.
Para no ir muy lejos, veamos el departamento de Sucre, anteriormente era ganadero por excelencia y agrícola por generaciones, pero un sector como el pesquero ha estado siempre abandonado, cuando se cuenta con aguas continentales y marítimas, innumerables fuentes hídricas por estar el departamento localizado en medio de dos grandes hoyas hidrográficas, la del Caribe y Magdalena-Cauca, pero como para Ripley, dejamos de ser ganaderos y agricultores y mucho menos pesqueros, nunca hemos tenemos políticas públicas para desarrollar dicho sector como potencial factor en el desarrollo integral de nuestra región.
La Red de observatorios regionales del mercado del trabajo, RED ORMED, con sede en Sincelejo y dirigida por los investigadores de la Universidad de Sucre, Hernando Jaimes Amorocho, Claudia Pérez, Carlos Pacheco Ruiz y León Arango, en su diagnóstico del mercado laboral del departamento de Sucre, nos presentaba para el 2010, “un aumento en la tasa de desempleo del 11.2” y nos indicaba lapidariamente, que se presentaría a futuro, un aumento del desempleo, debido, “a que la actividad económica sucreña no genera suficientes puestos de trabajos para absolver la creciente oferta laboral”
Si comparamos las cifras del 2010 con las del 2021, nos indica que muy poco se ha hecho para generar trabajo y con el informe del Mercado Laboral del Dane del mes de mayo del 2020, la situación es mucho más inquietante cuando le dice al país que Sincelejo cuenta 28.000 inermes ciudadanos desocupados, con una tasa de desempleo en subida al 21.1%. Pero todavía más preocupante, y con estocada mortal, no las dio el director del DANE Juan Daniel Oviedo en reciente visita a la ciudad, donde dio a conocer los pésimos indicadores sociales y económicos del mercado laboral de la región y expresó que “en el trimestre septiembre-noviembre de 2020 la incidencia de informalidad laboral en Sincelejo estuvo en el 64.4%. La ciudad se ubicó en el segundo lugar a nivel nacional, después de Cúcuta, con el 72.2%.”
Pero el “Santo Grial” de la solución al problema, se lo ganó el departamento de Sucre, con más de 50 mil mototaxistas que mueven la economía de Sincelejo, y el aumento exagerado de ese trabajo ilegal, es ni más ni menos por la falta de un servicio de trasporte público. Todo inicia con el documento Conpes 3167 de mayo 23 de 2002, “Política para mejorar el servicio de transporte público de pasajeros”. Estudios y más estudios, dinero “a la lata”, DNP y la alcaldía de Sincelejo jugando al cuento del “Gallo Capón” de Gabriel García Márquez, el Gobierno Nacional y el municipio firmaron un convenio de cofinanciación, el 70% y 30%, por un valor inicial de 143 mil millones de pesos, luego se adicionaron más y más recursos, en 2016 llegó a 184.473 millones, en junio de 2015 el CONPES 3833 les entregó otros tantos milloncitos, en el 2019 por recursos de crédito existía un requerimiento por el orden de $30.000 millones y un pre-aprobado con la banca comercial de $27.000 millones. La suma total de lo invertido no es de conocimiento, pero ALELUYA, se hizo el milagro, el 8 de agosto de 2016 inició la operación de SIBUS en Sincelejo con 50 buses nuevos y 35 usados.
Nos vendieron la idea de que tendríamos un verdadero sistema de transporte, pero por actos no muy claros por parte de los contratistas encargados de la prestación del servicio, donde alegaban que la empresa SIBUS no estaba siendo sostenible financieramente por el escaso flujo de pasajeros y la alcaldía no había tomado las medidas para contrarrestar el transporte ilegal, saliendo como resultado que las busetas nuevas empezaron a desaparecer, y aparecieron rodando unas viejas, destartaladas y ya mandadas a recoger busetas provenientes del vecino departamento de Antioquia.
Lo que sí es seguro, es que Sincelejo no tiene servicio público de transporte, y no ha habido autoridad que se haya atrevido a reversar el contrato con SIBUS o ponerlo en funcionamiento, por el contrario, hace poco, se adicionaron más de $4 mil millones por Metro Sabanas S.A.S, con el propósito de reconstruir las vías por donde operaria el inexistente Sistema Estratégico de Transporte Público (SETP). Hay que hacer claridad, que la responsabilidad y autoría de éste entuerto, no es de la actual administración, ese un lastre y viene del año 2002 y mientras ello persista, el mototaxismo seguirá en aumento y el mejor empleador de la región.




