En días pasados, el profesor Nicholas Christakis, médico epidemiólogo, sociólogo y profesor de la Universidad de Yale, publicó un análisis de los efectos de la pandemia en la sociedad desde una perspectiva histórica.
En su libro La Flecha de Apolo: el impacto profundo y duradero del coronavirus en la forma en que vivimos, el Dr. Christakis, una de las cien personas más influyentes del mundo y uno de los cien mejores pensadores globales, según las revistas Times y Foreign Policy, respectivamente, identificó ciertas similitudes en los comportamientos de los seres humanos en las diferentes pestes sufridas a lo largo de su historia.
Durante las pandemias, por ejemplo, ha sido común que las personas se aíslen de sus semejantes para protegerse, tomen menos decisiones arriesgadas, procuren ahorrar y se refugien en su religión y creencias en busca de respuestas o consuelo.
No obstante, una vez conseguida la «inmunidad de rebaño», es decir, cuando por vacunación o contagio previo la mayoría de personas se inmuniza contra la enfermedad y esta disminuye su capacidad de transmisión, las sociedades han experimentado conductas que podrían interpretarse tal vez como una especie de liberación y desahogo frente a las circunstancias vividas, como disminución de su religiosidad, aumento de las actividades grupales en busca de mayor interacción social, incremento en los gastos y desenfreno sexual.
En ocasiones,estas consecuencias generaron efectos positivos en el ámbito social y económico debido, en parte, al retorno de la exposición social en eventos masivos y lugares de concurrencia común, al restablecimiento de las interacciones físicas entre las personas y a nuevas artes, así como al aumento en el consumo de productos y servicios que se desata en estos periodos.
Según el Dr.Christakis, a pesar de que en 2021 se habrá iniciado la vacunación en un buen número de países, pasarán todavía un par de años durante los cuales deberemos enfrentar las consecuencias físicas, sicológicas, sociales y económicas del virus, tras los cuales entraremos al periodo de pospandemia, el cual prevé que se inicie en el año 2024.
Sin embargo, nuestra época es diferente de las anteriores: tenemos mejores herramientas para enfrentar una pandemia, el pensamiento global ha cambiado y contamos con numerosos avances tecnológicos que han hecho del contacto físico una opción más que una necesidad.
Cabe preguntarse entonces si realmente esas previsiones de liberación y desahogo se cumplirán en esta ocasión, teniendo en cuenta el desarrollo temprano de medicamentos eficaces contra el virus, el acceso multimedial a información actualizada sobre medidas de prevención y autocuidado, la amplia variedad de opciones de cibersexo, como camming, sexting, videollamadas, sitios web pornográficos y prostitución virtual, entre otras, las excelentes posibilidades de contacto telefónico o virtual con las demás personas, el auge del comercio electrónico e, incluso, la transmisión de misas y ceremonias religiosas por internet y televisión.
Nos queda un camino largo por recorrer y aunque nuestro desempeño actual no es alentador, tal vez en la pospandemia descubramos que, en este aspecto, gracias al aprendizaje obtenido, procesado e interiorizado durante siglos a partir de las circunstancias adversas, sumado a nuestros constantes adelantos tecnológicos hemos podido «avanzar» como especie hacia un estado superior, en vez de continuar simplemente cediendo ante nuestros instintos más básicos, como predice el Dr. Christakis.


