Como lo mencionaba en una de mis columnas anteriores la indiferencia social, la indisciplina y la falta de valoración hacia el personal de la salud se llevarán más muertos al hombro incluso que las mismas complicaciones del Covid-19.
Al ver el video del Dr. Carlos Piedrahíta, médico de la IPS Virrey Solis en Medellín quien en un franco caso de intolerancia, fue agredido por familiares de un paciente en estado de ebriedad que arremetieron contra el profesional cuando él les indicó que era necesaria la valoración triage para evaluar su estado y seguir los protocolos. Esto habla del nivel de desarrollo de una población que incumple reglas y violenta a quienes ponen el pellejo en la primera línea de defensa.
Las agresiones no son solo físicas y para la muestra un pequeño botón como el que nos regalo el famoso periodista Javier Fernández “El cantante del Gol “, quien en una intervención del canal Win Sports fue muy tajante al afirmar que, “algunos médicos parece que no estuvieran muy interesados en que las personas se curen rápido, sino que están interesados en los $30 millones que les llegan a los hospitales”.
Esto como decimos en mi pueblo “es la garrapata que mato al perro “, no solo utilizar un medio de comunicación para difamar, atacar y colocar en riesgo la vida de tantos colegas, sino también, hablar de valores y cifras que según él conoce; aún sigo a la espera de las pruebas porque en mi caso no he recibido un peso por ver morir a mis compañeros, amigos y hermanos.
Sin embargo, creyendo en los aplausos, videos y detalles que ha recibido el personal de la salud, quise hacer un sondeo en mis redes sociales y para sorpresa aproximadamente el 40% de las personas están de acuerdo en que los médicos estamos negociando con la crisis ocasionada por el SARS – COV 2.
En el campo laboral las agresiones tampoco son ajenas, de muy buena manera lo expresa la columnista Salud Hernández Mora quien, en uno de sus escritos sobre las condiciones de estudiar medicina en Colombia, hace referencia a la explotación laboral, falta de formación y ausencia de oportunidades en un ambiente hostil que solo pide atención y se olvida del ser que está detrás de un uniforme y expone su integridad con el solo fin de ayudar a los demás.
¿Hasta cuándo vamos a seguir tolerando las agresiones y el irrespeto?
Es hora de realizar intervenciones de fondo sobre las garantías para ejercer nuestra profesión en Colombia y para finalizar solo dejo esta otra pregunta ¿Vale la pena seguir exponiendo nuestra vida para salvar una sociedad que te maltrata y no valora tu trabajo?
WILLIAM JAVIER RICARDO GUZMÁN


