Hace pocos días Nueva Zelanda, uno de los países capitalistas más desarrollados del mundo y ejemplo en el manejo de la Covid-19, aprobó un aumento del salario mínimo y del pago de impuestos de los más ricos, esto como parte de una estrategia de la mandataria Jacinta Ardern para disminuir la desigualdad y para impulsar la economía tras el Coronavirus.
En Colombia sin embargo nuestro rezago es tan grande que la discusión sobre este tipo de estrategias no se centra en la viabilidad o conveniencia de las mismas, sino en si su origen es “socialista” o “castrochavista”. Tremenda estupidez.
Desde el año pasado estamos solicitándole al gobierno, especialmente al señor Alberto Carrasquilla, que más que Ministro de Hacienda parece un representante de los intereses de los banqueros, que implemente medidas como las que se están tomando en Nueva Zelanda y en gran parte del primer mundo. Incluso presentamos en el Congreso de la República un proyecto de ley de renta básica, con la inocente expectativa de recibir su apoyo, pero lamentablemente él ha preferido apostar por su fracasada estrategia de política económica que es incapaz de disminuir la pobreza o la desigualdad pero que es muy efectiva para seguir enriqueciendo a sus amigos los banqueros.
Basta recordar que el año pasado el señor Carrasquilla, con la excusa de “ayudar al sector empresarial”, terminó financiando la nómina de bancos y grandes empresas, pero negándole esta misma ayuda a las pequeñas, muchas de las cuales a pesar de ser el único sustento de miles de familias terminaron cerrando. Es decir: todos terminamos financiando la nómina de los bancos gracias al señor Carrasquilla dizque para evitar su quiebra y las ganancias de estos en el 2020 fueron la bobadita de 5.8 billones de pesos. Un insulto.
Pero ahora que las exenciones tributarias para los más ricos empiezan a afectar la recaudación, la solución del señor Carrasquilla es una Reforma Tributaria -otra más, obviamente no para obligar a los más ricos a pagar más impuestos, sino para apretar más a la clase media. Con la excusa de volver permanentes unos programas miserables de “ayudas”, que más que ayudas parecen un tratamiento paliativo, quieren hacer creer que esta Reforma Tributaria es “buena”. Si algo he aprendido en mis años como político y como congresista es una máxima que dice que ninguna reforma tributaria o pensional, etc., realmente es buena.
Históricamente, siempre que se ha reformado la salud, o las pensiones, o los impuestos, ha sido para perjudicar a la gente. Pero una cosa es cierta: una Reforma Tributaria para eliminar los impuestos regresivos como el IVA, que perjudican especialmente a los más pobres, y a la vez suprimir todas las exenciones tributarías a los grandes capitales para que sean los ricos los que más paguen impuestos, como debe de ser, es necesaria y fundamental, pero el señor Casrrasquilla, que incluso se niega a apoyar la Renta Básica, no es competente para realizar una reforma en este sentido.





