Debajo de un palo de mango, al lado de un rancho de bareque y sentada en una mecedora, se encuentra Inocencia a quien todos en la región de la Mojana conocen como “Chencha”; mientras le tira maíz a sus gallinas y escucha en su viejo radio “la caja negra” del famoso cantautor Enrique Díaz, su nieto “sofocao” y angustiado empieza a contar la noticia sobre el desbordamiento inminente del rio Cauca quien este año amenaza con borrar todo a su paso porque el “Chorro de los Pineda” tiene más de 2 hectáreas de ancho y no hay nada que lo contenga.
Con la risa de una mujer que ha vivido muchos abriles y pasado por incontables crecientes, nuestra protagonista refiere que ese es el “corre que te alcanzo” de cada año y que muy seguramente otra vez tocara recibir la navidad en medio de un “tambo” o rogando para que no caiga un aguacero que haga desparecer su vereda por completo.
Ni la fe a San Gregorio o las plegarias al Cristo de la Villa logran contener el rio que descarga toda su furia sobre una de las mayores reservas naturales de Colombia, la cual durante años ha clamado por la construcción de un dique que logre contener la fuerza de las inundaciones que acaban con los sueños que por meses han cultivado los campesinos mojaneros.
A las 4 de la mañana cuando “Chencha” se levanta a hacer el café, sus pies se posan sobre el agua y ni tiempo tiene de coger las “chancletas”; es entonces cuando cae en la cuenta de que esta vez “la cosa se esta poniendo pelua” porque en años anteriores el rio nunca había llegado a su casa que es una de las más altas de la vereda.
“Saquen a Chencha que se la lleva el rio” son las voces de sus vecinos quienes se sorprenden cuando la mujer sin titubear les responde que ella morirá en su casa y nadie la convencerá de lo contrario.
Al asomar los primeros rayos de sol el panorama no puede ser peor. Como si se tratara de una escena de terror el rio ha acabado con animales, cultivos y enseres que flotan en medio del lodo y la corriente.
Cuando ocurrió esta inundación que fue una de las mas fuertes de la década me encontraba como estudiante en la escuela de Medicina y por los medios de comunicación pude ver a mi familia, amigos y vecinos en medio del desastre; no pude contener las lágrimas de rabia e impotencia porque se había hecho la gestión temiendo un fatal desenlace y rogando que nos protegieran de la tragedia.
Los gobernantes de la época y cuyos nombres prefiero olvidar se tomaban fotos con los campesinos mientras prometían ayudas y construir un paraíso, pero todos sabíamos que al pasar el furor de la notica volveríamos a ser lo que nos ha tocado “la tierra del olvido”.
Nos propusieron crear un nuevo pueblo, comprar nuestros terrenos e incluso llevarnos a la ciudad, pero nuestra esencia esta en la tierra y con las uñas decidimos arrancar de cero y construir lo que hoy nos enorgullece mostrar al mundo “un pueblo de campesinos que a pesar de las inundaciones no se dejó llevar por la corriente”.
Son muchas las necesidades que presenta la región de la Mojana en cuestión de salud, educación e infraestructura y aun el “chorro de los pineda” es un dolor de cabeza con el que alcaldes, gobernadores y presidentes hacen campañas electorales, pero algo que se resalta es la unión de su gente para sobrevivir en medio de la adversidad.



