¿Por qué frente al tema del sexo nos cuesta ser coherentes entre lo que pensamos, decimos y hacemos? Los hechos lo demuestran. Nos reunimos tres mujeres y una pareja del mundo de la farándula para estructurar un trabajo y, de repente, nos encontramos hablando de sexo por un programa con alto contenido erótico que veían sus hijos adolescentes por televisión.
Comentamos que: “La mayoría de series y películas contienen escenas con fuertes contenidos sexuales y comienzan a formar parte de la visión y realidad de los jóvenes de hoy”.
“Leí que un estudio elaborado por científicos del Instituto Pacífico de Investigación y Evaluación de EEUU demostró que las imágenes de escenas eróticas influyen directamente en la mente, pensamientos, comportamientos y expectativas sexuales de los adolescentes”.
“A mí me parece bien que desde pequeños vean la realidad…”
Y así transcurrió una tarde de risas y confidencias donde compartimos dudas, temores e inseguridades que rara vez confesamos. Planeamos una nueva sesión, pero supimos que la anfitriona, quien estuvo ese día muy animada con el tema, estaba escandalizada por nuestra conversación y aseguró que esas charlas no son de “personas decentes”.
Y surge la pregunta ¿Acaso hablar de sexo nos hace indecentes? Con toda la decencia posible ¿Por qué tanto miedo para hablar, enseñar y expresar una sana sexualidad, si es inherente al ser y es un don natural tan divino y sublime, que engendra vida? Y si esto es indecente, todos somos producto de la indecencia, excepto los bebés probeta.
Durante muchos años se guardó un silencio casi reverencial ante esta realidad que es tan humana. A la gente le gusta hablar de sexo, pero no en la casa delante de los hijos, o los padres.
Les parece poco decente propiciar ese tipo de conversaciones, pero muchos encuentran aceptable tener relaciones paralelas, engañar, ver películas porno o leer libros y revistas que hablen de manera poco científica y edificante sobre la sexualidad.
¿En realidad estamos preparados o nos interesa prepararnos para orientar a nuestros hijos sobre su sexualidad? Vivimos en un mundo que los bombardea permanentemente con mensajes y escenas sexuales sin tener en cuenta su edad, valores, ética, responsabilidad, respeto y amor hacia sí mismos y hacia los demás.
Les enseñan abiertamente que las relaciones se limitan a la genitalidad, a vivir el momento, a disfrutar… pero el sexo es más que una descarga fisiológica. ¿Quién les enseña que hacer el amor con amor, compromiso y responsabilidad los conducirá a una bellísima relación erótica, que no se reduce a un simple encuentro sexual genital frívolo y momentáneo?
El amor y el sexo son humanos, decentes, buenos, bellos, verdaderos, incluso sagrados. ¿Por qué dejar que amigos desinformados, la televisión o las redes sociales induzcan comportamientos inadecuados y efectos negativos en su mente, psicología y futuras relaciones afectivas?
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Es necesario devolverle al sexo la decencia que el sexo merece, que padres y educadores enseñen de manera desenfadada, espontánea y con valores que “hacer el amor” no es indecente y va más allá de la genitalidad porque el amor “se hace” y se construye poco a poco, se alimenta, se respeta, se cuida… y es allí cuando aprendemos que el cuerpo se transforma en la lira que lentamente se aprende a tocar y comienza a irradiar una melodía que llena nuestros vacíos afectivos gracias a la inigualable sinfonía del amor.



