Por definición, pobreza oculta hace referencia al fenómeno que afecta a una persona o su grupo familiar, por la incapacidad de generar ingresos que les permitan mantener su poder adquisitivo y se le ubica en los estratos 3, 4, 5 e incluso 6. No se les tipifica ni reconoce acertadamente en las estadísticas oficiales. Se aprecia evidentemente en pequeños y medianos empresarios, también en empleados, que por circunstancias de quiebra, inestabilidad socioeconómica, pérdida del trabajo o disminución de su remuneración entran en una situación degradante, sin ingresos o con limitaciones económicas muy serías. Vergonzantes, como también se les denomina en baja voz.
Existe una relación directa entre pobreza, sea cualquiera que sea su apellido, exclusión social y fracaso educativo, que golpea a todos los estratos. En la educación superior privada más que en las universidades públicas, la pobreza oculta se hace más evidente, sin duda allí la participación de la clase media es mayor. Bajo circunstancias de pobreza oculta, la situación de fragilidad para los alumnos provenientes de estas familias se torna grave e incide en la permanencia, con las nocivas consecuencias sociales que de esto se deriva.
Sea pública o privada, los pagos de matrícula son una carga familiar. Lógicamente, que los costos privados son significativamente mayores que los públicos en donde además el valor de la matrícula se diferencia por estrato: a menor estrato menor monto. Los alumnos de pobreza oculta, socioeconómicamente, según la clasificación nacional, no están ubicados como vulnerables. Con recursos o sin ellos, allí viven y así se les identifica.
Con referencia a ciudades pequeñas de departamentos de bajo desarrollo productivo, como las muchas que hay en Colombia, el empleo es muy fluctuante y depende de factores socioeconómicos muy cambiantes que no generan estabilidad; además, la industrialización o la trasformación productiva es casi inexistente o muy precaria, por no decir artesanal, lo cual no ofrece el adelanto necesario y deseado, ni sus réditos sociales. Por lo tanto, sin tener una cifra exacta, la pobreza oculta tiene oscilaciones temporales muy marcadas en estas urbes y lo que en ellas se reconoce como estrato medio quizá sea bajo, al comparar con ciudades de mayor desenvolvimiento.
Además de los estragos de la pandemia y los duelos que todos llevamos a cuestas y que por lo que se ve seguirán incrementándose, lo más dramático, por lo menos en mi ciudad, es que la pobreza vergonzante ya no está tan oculta. Las dificultades económicas amalgaman a los estratos que la padecen en un solo conglomerado de profundas dificultades económicas.
De acuerdo, debe haber, al menos, matricula cero para estudiantes de universidades públicas de los estratos 1, 2 y 3, significativamente la gran mayoría. No obstante, sería conveniente que oficialmente y con la debida frecuencia se analizara la pobreza oculta, sus implicaciones y formas viables de mitigación. Hoy en muchas universidades, tanto publicas como privadas, la pobreza oculta asoma su cara y esto merece un análisis más profundo, uno que aborde sus causas, consecuencias y soluciones.



