Más que un tema de moda o unas simples normas de trámite, la educación ambiental requiere: conciencia, sensibilidad, conocimiento y entendimiento del ambiente; actitudes y motivación por mejorar o mantener la calidad ambiental; habilidades para identificar y contribuir a resolver los desafíos de la conservación; y participación en actividades que contribuyan a resolver los desafíos ambientales. Visto así, se trata, entonces, de una dimensión muy seria y que necesita verdaderos compromisos. Más que enseñar procedimientos, más que hacer descripciones, más que repetir y volver a repetir postulados, se debe conectar con el desarrollo sostenible.
No está circunscrita exclusivamente al ámbito académico, no es solo cuestión de docencia. Dada la importancia que ella tiene, debe ser objetivo misional de todas las instituciones, de todas las organizaciones, de todos los gobiernos y sus gobernantes, sin dejar de lado los medios de comunicación, cuyo aporte bien enfocado es muy valioso y pertinente. No puede ser ajena a las políticas que se construyan, ni a las obras que se acometan, es asunto preferente cuando se trata del anhelado desarrollo sostenible. No se debe olvidar que el único ser capaz de orientar su acciones hacia desarrollo sostenible es el ser humano.
Lo dicho puede reforzarse si se tiene en cuenta la Declaración de Tbilisi, basada en la Carta de Belgrado, allí quedaron establecidos los objetivos superiores de la educación ambiental para el desarrollo sostenible: promover clara conciencia de la interdependencia económica, social, política y ecológica en áreas urbanas y rurales, y su preocupación por ellas; dar a cada persona las oportunidades para adquirir el conocimiento, valores, actitudes, compromiso y habilidades necesarias para proteger y mejorar el medio ambiente; y crear nuevos patrones de comportamiento hacia el medio ambiente en individuos, grupos y la sociedad en general.
La educación ambiental debe buscar la formación integral de la persona para reforzar en ella las actitudes que le permitan convivir armónicamente en una sociedad plural, con la capacidad de entender e interactuar adecuadamente con los sucesos que su entrono le presenta, que pueda juzgar y decidir adecuadamente y en consecuencia con la conservación del medio ambiente. Aquí se tiene un valioso enfoque social que traspasa el currículo educativo y que aporta a los postulados del desarrollo sostenible partiendo del individuo.
La educación ambiental orientada trasversalmente no disminuye el valor de las demás disciplinas, simplemente se afianza en ellas porque superpone el valor del medio ambiente y permite desde diferentes visiones adoptar los principios del desarrollo sostenible. La complejidad del medio ambiente requiere análisis multidimensionales, así que quizá profesiones que parecen disímiles, como teólogos o filólogos, por ejemplo, son muy importantes cuando de desarrollo sostenible se trata. Nada sobra, todo hace parte de la solución. Que decir, entonces, de matemáticas, física, química, genética, biología, educación, geología, comunicación, historia, ecología, geografía, literatura, economía, administración, entre otras más. Nada es ajeno al medio ambiente, no existe tema alguno que esté desarticulado del desarrollo sostenible. Con el debido respeto, tomado palabras de Shakespeare y pensando en el desarrollo sostenible y su trascendencia, diría: Permanecer o desaparecer, esa es la cuestión.



