La argumentación (Argumentum) se define como el método mediante el cual y a través del razonamiento se busca demostrar o probar que lo afirmado es cierto, igualmente se usa para convencer a un tercero sobre lo que se asevera o niega. Las estrategias argumentativas son variadas y encierran entre ellas todos los procedimientos discursivos que como recurso tiene el expositor para calar su enfoque eficazmente.
Entre todas las estrategias argumentativas, por su connotación, se pueden referenciar dos grupos, considerados comunes: la argumentación de autoridad, que se basan en principios de reconocimiento, respeto, rango y prestigio; y la argumentación sensible, que apela a estrategias de descalificación, ironía y advertencia sobre indeseables consecuencias o amenaza.
Ahora, por el efecto negativo que puede llegar a ocasionar la descalificación debe ser cuidadosamente analizada. Como táctica busca demostrar para su conveniencia, que a quien va dirigida es responsable de actos, conductas o juicios que no merecen confianza, así mismo que le asisten limitaciones, que no tienen prestigio ni autoridad, en resumen que no hay fiabilidad posible. Cabría pensar, que es factible que el descalificador sea quien no posee las calidades, ni la capacidad, ni la honorabilidad que busca estigmatizar en su contrario, y así, podría demostrarlo la búsqueda de un propósito específicamente basado en un anómalo o en un mal intencionado juzgamiento.
A un descalificador de intencionalidad destructiva, como los hay en muchos lugares, no le es dado apelar a la organización lógico-argumentativa, porque no acepta expresarse de una forma adecuada, no es concesivo, no permite objeciones. Nunca se escuchará en su discurso, por ejemplo: un tal vez, un sin embargo, ni un contrariamente; su posición es radical, ofensiva, destructiva y no admite racionalidad.
En todos los actos de la sociedad, llámense como se les quiera determinar, las competencias argumentativas son fundamentales, no se debe olvidar que a todos nos asiste una responsabilidad ética y moral en nuestras actuaciones como ciudadanos, como miembros de un grupo o de un colectivo y que entre más nivel educativo, laboral o de representación se tenga, mayor responsabilidad adquiere el discurso y las consecuencias que de ello se deriven.
El uso de estrategias argumentativas está determinado por el propósito que asiste al expositor, serán sinceras si sus fines son sanos, serán malintencionadas si sus metas son pérfidas. Al abordar la confianza como valor social de prístina representación, la descalificación nunca será un referente de buena aceptación. Las palabras tienen como objetivo comunicar mensajes, ese es su poder: influyen, persuaden, atemorizan, crean lazos sentimentales, generan apoyos o rechazos, pacifican o generan violencia, entre otras manifestaciones, todo depende de su direccionalidad y el momento que se viva. Por eso, es muy valioso cultivar la asertividad comunicativa como una forma de expresar con respeto y claridad lo que se piensa o se desea, sin dejar de lado los otros puntos de vista y los derechos que tienen los demás.
Calumnia, que algo queda (Francis Bacon), quienes usan este método malsano quizá no sepan su origen, ni les importa el daño que causan; sin embargo, cosechan, para sus propósitos, el efecto devastador que ella encierra.



