El reto de la educación superior, hoy más que nunca, se debe interpretar teniendo en cuenta que vivimos en un mundo de rápida expansión, de novedosas innovaciones, nuevos cambios tecnológicos y ecológicos, con grandes avances comerciales, que requiere adaptaciones educativas y organizacionales. La universidad moderna enfrenta el desafío de desarrollar en sus alumnos competencias ajustadas a las transformaciones que vivimos y que vivirán sus egresados, sin dejar de lado, en la medida de lo posible, aquellas que a futuro serán pretendidas.
Para que la estructura sea funcional se hace necesaria la vinculación del egresado a los procesos universitarios, no se trata solo de graduar y dejar a la deriva. No se trata solo de seguir formándolo posgradualmente, aunque esto es de gran valor. Se hace imprescindible vincularlo, tenerlo presente y activo trabajando en procesos de enseñanza, investigación, proyección social y administración. No tendría presentación que el mejor capital intelectual que la universidad ha construido no sea tenido en cuenta por ella misma… Sería una pérdida de gran dimensión.
Se asume que el exalumno inicia nuevas etapas formativas y laborales, allí entre trabajo y estudios de posgrado se forma una persona de características muy particulares, determinada por las experiencias que va ganando y que pone en práctica. Ese egresado, en la medida de lo posible, es necesario internamente, ya que su formación, su trayectoria laboral y su conocimiento profundo del entorno universitario que lo gestó más su capacitación continua, son valores agregados que ayudan a construir y reforzar las competencias que se deben trazar para los nuevos educandos.
La enseñanza superior de buena calidad y bien orientada a las necesidades que la sociedad requiere, se torna en un agente que brinda mejores condiciones a sus egresados para la vida laboral.
Sin embargo, hay que anotar que en los procesos de inserción laboral de los graduados universitarios se pueden evidenciar un alto nivel de heterogeneidad, que está determinado por diversos factores, tales como: oferta de empleo, campos de formación, aptitudes personales, nivel de desarrollo socioeconómico del entorno, entro otros, y la universidad como institución de múltiples oportunidades es un espacio de valiosa importancia.
El relevo generacional en la educación superior, es otro aspecto preciado a analizar, en este sentido, allí existe la posibilidad de inserción del egresado a la carrera docente universitaria, en este campo pueden hallarse valiosas oportunidades para la enseñanza, la investigación y la extensión, que como objetivos misionales guían a las universidades. Por lo general, los nuevos enfoques curriculares se adaptan mejor a los docentes jóvenes que incluyan en su formación altos y modernos niveles educativos.
Socialmente la vinculación del egresado al mercado laboral reviste gran transcendencia, ya que son estandartes que sirven de guía para los nuevos alumnos, los egresados destacados son un ejemplo vivo de lo que se puede lograr. Si los jóvenes no logran percibir la importancia de su formación académica superior, pueden perder el interés en su carrera o en el papel transformador de la universidad. Por ejemplo, por citar lo que nos ocupa, si a nivel institucional ven egresados bien formados, adecuadamente preparados y ejerciendo como docentes, como investigadores o como administrativos, en su misma universidad y con lujo de detalles, sin duda lo valorarán positivamente y serán modelos favorables para el proceso formativo.
A la universidad pública, además del relevante papel social que juega y que en parte está planteado en este escrito en relación con el egresado, hay que reconocerle que a nivel regional es determinante, lo vemos por ejemplo en la Universidad de Sucre, de ella sus egresados son hoy de alto desempeño y connotado aprecio laboral, no solo en la región, sino también a nivel nacional, incluso internacionalmente. Muchas familias, por otro lado, gracias a ella, han podido avanzar socioeconómicamente, sin dejar de lado lo que cada profesional significa para los entornos menos favorecidos. Ellos, ciertamente, son factor de cambio en su alrededor… Valen por ellos mismos, por lo que son y por lo que saben hacer… Su más grande tesoro… Ellos mismos.
Finalmente, recordando a K.A. Menninger, se puede decir que: <<Lo que le des a los jóvenes, los jóvenes darán a la sociedad>>. Si se educa con adecuados principios se espera que así mismo actúen cuando les corresponda ejercer. Opposite sensu, una formación carente de valores producirá ciudadanos desastrosos y nocivos.



