Conocida también como psicología ambiental, psicología de la sostenibilidad o psicología de la conservación ambiental, hace referencia al estudio de la conducta sostenible, que como tal no solo se relaciona con los recursos naturales, sus bienes y servicios sino también con los grupos humanos y su cultura. La psicología de la conservación estudia las relaciones reciprocas entre los humanos y la naturaleza, buscando generar patrones efectivos de conservación.
La conducta sostenible es esencialmente pro-ecológica, incluye diversas manifestaciones que van desde: acciones frugales para evitar el consumismo y el desperdicio; altruismo, que implica el cuidado de otros sin esperar nada a cambio; y comportamientos ambientalmente equitativos, que buscan igualdad en la apropiación de los recursos y sus beneficios, así como tratos justos entre usuarios. Todas ellas encaminadas a tener un comportamiento de responsabilidad social, indudablemente de tendencia integradora.
Impactos globales, tales como: cambio climático, acumulación de desechos, pérdida de biodiversidad, extinción de especies, contaminación de fuentes hídricas y desertización, han propiciado con la extensión y aumento de velocidad de las comunicaciones y con la creciente investigación científica, que cada vez existan más personas a nivel mundial enteradas de los impactos que son de afectación general y, por lo tanto, se sensibilicen al respecto.
No obstante, existen barreras culturales que limitan el cambio de actitudes y patrones de comportamiento en relación con los recursos naturales y su utilización. Por ejemplo, el consumo de fauna silvestre no atribuible a subsistencia, ejecutado con una connotación particularmente ligada a tradiciones que pesan mucho más a la hora de decidir. Igualmente, se tienen conductas reprochables que se relacionan con el maltrato animal. Estos y muchos casos más, son problemas fundamentales. No se les puede ver como coyunturales, porque los problemas ambientales éticamente implican responsabilidad moral extendida.
La protección de una especie, verbigracia, se justifica ecológicamente porque es única, porque cada especie tiene su papel en el ecosistema, porque ofrece servicios naturales esenciales para la vida, y porque existe el derecho a la vida y el respeto hacia ella, entre otras muchas razones más. Aun así, existe la apreciación estética, la cual, así como permite conservar puede echar a un lado a una determinada especie.
En la apreciación estética de una determinada especie en particular, pueden existir sensaciones agradables, que están asociadas a conceptos de belleza, ternura, alegría y placidez; también puede sentirse rechazo, repulsión y miedo; así mismo podría vérsele como un recurso que está disponible para aprovechamiento en todo momento. Dependiendo de lo que se sienta y de lo que culturalmente se crea, la especie estará o no en mayor o menor riesgo.
Es satisfactorio reconocer que en los últimos tiempos ha aumentado la preocupación activa por los derechos de los animales y se han incrementado las campañas orientadas a reconocer nuestras responsabilidades hacia ellos. Este tema, para bien de la humanidad y el cuidado de la naturaleza, goza ya de amplia popularidad, en especial entre los jóvenes. No se puede negar, que nuestra sociedad, hoy, se preocupa por el papel de los animales en ella, sus derechos y las responsabilidades que como humanos nos competen en este tema. Igualmente, considerar si son bonitos o feos, por ejemplo, como prejuicio, pasa a un segundo plano y se les valora por lo que son… seres vivos, únicos, sensibles.
No obstante, este camino aún tiene mucho por recorrer, mucho por abordar, las diferentes culturas no perciben los derechos de los animales uniformemente y acciones diversas hacia ellos son evidentes. Aquí además de la educación ambiental, la psicología de la conservación tiene un fructífero campo de investigación y de acción. Sería de buena acogida contar con grupos de investigación que desde la universidad abordaran este tema del comportamiento humano.
Jeremy Bentham (1798) en The Introduction to the Principles of Morals and Legislation, ya en aquel entonces, acertadamente conceptuaba: << Es probable que llegue el día en el que el resto de la creación animal pueda adquirir aquellos derechos que jamás se le podrían haber negado a no ser por obra de la tiranía. Los franceses han descubierto que la negrura de la piel no es razón para que un ser humano haya de ser abandonado sin remisión al capricho de un torturador. Quizá un día se llegue a reconocer que el número de patas, la vellosidad de la piel o la terminación del os sacrum son razones igualmente insuficientes para dejar abandonado al mismo destino a un ser sensible>>.



