Se define consecuencia como aquello que resulta a causa de una circunstancia, un acto o un hecho previo. No es posible escapar de las consecuencias si las causas no son enfrentadas de forma adecuada. Ahora, las consecuencias pueden ser positivas o negativas, y son las personas las responsables de las ilaciones de sus actos o decisiones. Un poco más allá, se tienen consecuencias debidas a casos fortuitos en donde, de hecho, las personas no pueden asumir responsabilidad por lo sucedido. En resumen, al referirse a las causas y consecuencia, se hace énfasis en los antecedentes que provocan una situación particular, que a la vez determina o influye en las condiciones posteriores.
El uso más común escuchado sobre consecuencia, se puede resumir en cuatro variantes: asumir las consecuencias, en consecuencia, sin consecuencia y pagar las consecuencias. Todas ellas se podrían relacionar socialmente con la tercera Ley de Newton: El principio de acción y reacción. Estamos, entonces, hablando de un asunto universal y válido, que tiene aplicación general y que como tal debe ser tenido en cuenta cuando se acometen movimientos de cualquier tipo.
Para este breve análisis, se tendrá como referente la consecuencia lógica, cuya identidad se fundamenta en la relación existente entre las premisas y la conclusión del argumento o deducción. Es decir, la razón de hacer algo y lo que se esperaría de eso en términos concretos o lo que surgiría de un organizado y bien planeado esquema de procedimiento.
En asuntos sociales, cuando popularmente se afirma que la situación se salió de madre o se ha desmadrado, se demuestra que no hubo pertinente planeación del proceso, y denota, además, un análisis inadecuado de causas y consecuencias, un desconocimiento real del ambiente y sus variantes, amén del error al calcular los posibles resultados esperados.
La incapacidad de controlar todas las variables que definen las diferentes reacciones, hacen que no sea posible conocer con exactitud los acontecimientos derivados. Esto explica, en parte, el porqué del fracaso y de los altos costos que deben asumirse si hay descontrol. Existe además, lo que se llamaría un complejo de consecuencias, las cuales al combinarse en diferentes formas, sin uniformidad de medio, darían como resultado una mezcla reactiva, quizá de consecuencias impredecibles, inmanejables, caóticas, innecesarias y posiblemente nocivas.
Cabe preguntarse, entonces: ¿Quién o quiénes son responsables? y ¿Quién o quiénes asumirán la consecuencias? Muchas veces, una maraña de asuntos mezclados impone análisis muy depurados, porque tratándose de asuntos de carácter delicado, las suposiciones pueden superar a los hechos y en medio de este trecho, cosas que vienen y van, se diluyen, sin que logre medirse cuando las consecuencias se tornaron causas o viceversa… Suele suceder que en conflictos de profundas raíces las dos situaciones se amalgamen y hagan más difícil la solución. Un hecho da paso a otro y así sucesivamente.
Tratar de mediar las consecuencias sin reparar en las causas, es infructuoso campo estéril, porque si no se arregla lo que ocasiona algo improbable es que se reparé o corrija lo que esto en la sucesión de hechos conlleva. Entra, entonces un verbo que a muchos parece perfecto: mitigar… Dónde, cómo, cuándo… serían preguntas muy válidas en este caso. Peor, sí se esgrime como forma de desenlace la frase: evitar riesgos… Como sustantivos, el riesgo y el peligro son sinónimos cercanos, y arriesgar es similar a jugar al azar… El azar como causalidad presente y ante situaciones complejas, no lineales, es impredecible.
A manera de ejemplo miremos a la ecorregión de La Mojana, territorio de altas potencialidades ambientales que está siendo devastado, sus problemas y en especial el de las inundaciones que tantos estragos ocasiona, sirven para explicar, en este caso, la existencia de un conjunto de causas, que a la vez derivan en un complejo de consecuencias, que al combinarse de distintas maneras producen efectos inesperados y nocivos de variada índole.
Históricamente, la zona en cuestión, ha sido el lugar de regulación de cauces de la cuenca Magdalena – Cauca, eso es una realidad que no puede controvertirse y esa no es su desgracia, más bien en una de sus virtudes. Pero, los diferentes e inadecuados manejos ambientales, productivos y sociales son las causas que hacen que reiterativamente y cada vez con mayor impacto se deteriore y se hagan inmanejables las consecuencias… Huelga decir… las crecientes e insistentes calamidades.



