La cosa política se mueve no solamente en Colombia, sino en casi toda américa latina y del caribe. Las sorpresas se están dando con resultados inesperados entre la derecha e izquierda que tienen inquietos a los dos bandos que se “pelean” la burocracia, el poder político y económico
Observamos que los sucesos producto del Covid-19, no ha sido óbice para que se desarrollaran las elecciones en países vecinos, estando a las portas de otras más para el 2022. En esas contiendas electorales, las sorpresas han sido la comidilla diaria, lo que se puede dilucidar es que los pueblos se han cansado de tantas promesas y promesas y el pauperismo sigue en forma ascendente, el enriquecimiento de unos cuantos y por tal razón no les es fácil soltar el poder político cuando allí están inmersos muchos intereses personales
Nuestros cercano vecinos del Ecuador, proclive últimamente de los gobiernos de izquierda con “Correa y su combo”, intentó mantener su doctrina, pero el pueblo de dijo no y le dio la confianza a Guillermo Lasso Mendoza, un empresario conservador de la derecha latina, cuando se creía que la izquierda con Andrés Arauz, sería el elegido, de acuerdo a los resultados de la primera vuelta donde, éste último, había sido ganador.
Paralelo a los sucesos ecuatorianos, los peruanos, cansados de la corrupción de sus presidentes y lo acaecido con el economista de derecha Pedro Pablo Kuczynski, quien le tocó renunciar a su cargo por la inminente destitución por una supuesta “incapacidad moral” y los vínculos con la multinacional brasileña Odebrecht. Los parlamentarios encargados de la presidencia como Martín Vizcarra, Mercedes Aráoz y Manuel Merino de Lama, tuvieron que renunciar, donde desafortunadamente el escándalo Odebrecht, tiene en la mira a todos los expresidentes peruanos. El descontento, impulsó de manera potencial la candidatura del izquierdista maestro rural y dirigente sindical, Pedro Castillo, hoy presidente de los peruanos.
El periplo electoral arropó a los chilenos, que tras una fatal historia que inició en 1973 con la extrema derecha y la dictadura militar de Pinochet, que culminó en 1990, el país se debatía con gobiernos de derecha como Patricio Aylwin y Eduardo Frei Ruiz-Tagle miembros de la Falange Nacional y del Partido Demócrata Cristiano, pasando por los Socialistas del “Partido por la Democracia”, Ricardo Froilán Lagos Escobar y Michelle Bachelet Jeria, para aterrizar en el derechista Sebastián Piñera. Los rezagos de Pinochet quisieron encarnar en José Antonio Kast, el candidato de la extrema derecha, pero no tuvieron eco en el electorado y es así como eligieron de presidente al más joven de su historia, Gabriel Boric, a quienes muchos tildan de pertenecer a la izquierda, incluso vinculado al comunismo, aseveraciones que el electo Kast, ha desmentido reiteradamente
Los centroamericanos no se quedan atrás, solo por nombrar a Guatemala, Honduras y El Salvador conocidos como el “Triángulo de la Muerte”, son tradicionalmente vivientes de la corrupción y los gobiernos autoritarios, conjugan su diario vivir con los desplazamientos producto del hambre, desempleo, la falta educación y salud entre muchas más, donde las pandillas controlan la población, tienen el control estatal e imponen sus normas desafiando el poder legítimo que en su historia ha estado en poder de la derecha conservadora, pero, el pasado 28 de noviembre del 2021, los hondureños decidieron cambiar de rumbo y eligieron a la izquierdista Xiomara Castro de Zelaya,
Los salvadoreños tienen una historia reciente, en el 2019 aparece Nayib Bukele, quien no ha podido ser encasillado ni en la izquierda ni la derecha ya que se le acusa de implantar una “democracia imperfecta”, donde se ha querido patentar en el poder con autoritarismo intentando desmantelar el estado de derecho imperante, apoyado en el fallo de la Sala Constitucional que permitió que los presidentes se postulasen para la reelección consecutiva. Por tal razón, Nayib Bukele intentará buscar su reelección indefinida a partir del 2024.
Historia parecida sucede en las “democracias” de Nicaragua y Venezuela, donde se ha patentado la nefasta reelección indefinida, y el poder en manos no solo del mandatario, sino de las esposas, en contubernio con las fuerzas armadas que disfrutan de las mieles de los contratos, los asensos y el poder inquisidor. Esperemos que en Haití se reprogramen las elecciones después del asesinato del presidente Jovenel Moise, un país abandonado en su miseria, con terremotos y tsunamis permanentes, aumento del Covid y enfermedades como el SIDA la malaria y el dengue, altos índices de analfabetismo, violencia generalizada, hambruna, inestabilidad política y regímenes dictatoriales.
La tierra de “Maradona” no se queda afuera de los vaivenes, la centroizquierda del mandatario Alberto Fernández y de la extrema izquierda abanderada por la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, ha sufrido dos derrotas consecutivas en las legislativas, actualmente dominada por la derecha del expresidente conservador Mauricio Macri.
Esperemos los sucesos de nuestros compatriotas colombianos cuando las elecciones de congresistas se darán el próximo 13 de marzo y la presidencial el 29 de mayo de 2022, las cartas todavía no están echadas, pero la polarización es innegable, entre la izquierda, el centro y la derecha. Que gane el que verdaderamente le de mejores oportunidades a nuestra población. Amanecerá y veremos.



