“…Colombia debe exclamar “basta ya”, apartemos los discursos de odio, es necesario la conciliación ya que la memoria histórica les falla a los impulsadores del odio…”
Estamos en época de navidad y el entorno social ha determinado disminuir las noticias políticas, que últimamente, sus locuaces vociferantes lo han tomado para difamar o hacer aseveraciones injuriosas con el ánimo de “llevar siempre la contraria” no importa que se trate del señor Presidente, a quien se le debe respeto, y a sus ministros y funcionarios públicos en general con la maquiavélica función de perjudicarlos, normalmente con acusaciones falsas sin importar que se afecte la integridad personal o familiar.
La descalificación pública, es otro ágape del entramado utilizado por personas con discapacidad mental que van ligado al conocido dicho “palos porque bogas, palos porque no bogas”, y nos referimos a los que critican por criticar independientemente de lo que hagas, esté bien o esté mal y se enfatiza mucho más cuando defienden intereses de empresarios que les dan trabajo, los patrocinan con propaganda o para campañas políticas, sin importar sus pasados o de sus familiares que normalmente tienen diplomas de corruptos.
Colombia debe exclamar “basta ya”, apartemos los discursos de odio, es necesario la conciliación ya que la memoria histórica les falla a los impulsadores del odio, por ejemplo, personajes que consideramos parte de nuestros legados como el vice Vargas lleras y el ex presiente Duque, que se han lanzado sin piedad contra la alianza energética de PDVESA con ECOPETROL, siendo nuestra empresa un grupo empresarial multilatino, es decir, que cuenta con inversiones más allá de las fronteras de nuestro país.
Se olvidan los susodichos, no creemos que sea por Alzaimer, cuando el 24 de octubre del 2017 Chávez y Uribe inauguraron el gasoducto Transoceánico “Antonio Ricaurte” construido en el gobierno de Uribe y como invitado especial el expresidente del Ecuador Rafael Correa, quien participó en el acto como invitado de lujo y se sentaron a manteles, con guirnaldas, vino, champaña, pero hoy cuando se busca el bienestar para el país solo aplican…palos porque bogas, palos porque no bogas
Entiendan de una vez por todas, que todos no pensamos iguales a los que ostentan el poder político, económico o social, millones de compatriotas que no son ni de izquierda ni de derecha, salen todos los días a trabajar honestamente, esperanzados en los que hacen las leyes lo hagan en función del maltratado pueblo colombiano, que se hunde en la miseria, la corrupción, el desempleo, la falta de salud, conflictos sociales, secuestros, extorsión, la falta de acceso a la justicia y su corrupción galopante, altos niveles de pobreza, en todas las comunidades y los recurrentes problemas de derechos humanos en Colombia.
El discurso de odio para la destrucción del país ha llegado a límites de esquizofrenia, cuando el presidente Petro desconocía, cosa que no es correcto, al sector empresarial, lo atacaban desde todas las orillas, ahora que logró grandes acuerdos con los empresarios, salen los críticos de palos porque bogas, palos porque no bogas, a estigmatizar los acuerdos porque “Debería dar vergüenza, según el impoluto Francisco Santos. No hay derecho a tanto odio, ya que cuando ejercieron el poder muy poco hicieron por la solución de nuestros problemas.
La evolución y transformación del empresariado colombiano en los diversos sectores económicos, en los gremios serios e impulsores del desarrollo, empresas y empresarios instalados en las regiones han sido importante en los últimos años, por tal razón, es necesario que, en unión con el estado, se expandan por todo el territorio, donde no han llegado con esplendor, especialmente en algunos sectores de la Costa Atlántica y del Pacifico.
A esos promotores de palos porque bogas, palos porque no bogas, que incluso han tenido el descaro de criticar a sus propios copartidarios cuando están en el poder, que casi nunca aportan soluciones en función social, les queremos decir que no se hagan ilusiones futuristas, líderes de derecha e izquierda en Colombia de la talla de Álvaro Uribe y Gustavo Petro, no los tendremos en mínimo 50 años luz, y a la vista no hay uno solo, entiéndase bien, uno sólo que les llegue por los tobillos. En Navidad…reconcilien sus espíritus…



