La violencia no da tregua en Cartagena de Indias. En la noche del jueves 10 de abril, el barrio Martínez Martelo fue nuevamente escenario de sangre y muerte. Martín Virgilio Hidalgo Hernández, de 34 años y de nacionalidad venezolana, fue asesinado a balazos por sicarios, sumando así el octavo homicidio en lo que va del mes en la ciudad y sus corregimientos.
El crimen, que ocurrió en una zona residencial donde familias enteras intentan convivir con la sombra del miedo, vuelve a encender las alarmas sobre la falta de control y presencia efectiva de las autoridades. ¿Hasta cuándo seguirá la ciudadanía siendo testigo y víctima de la impunidad armada?
A pesar de las declaraciones y anuncios de estrategias de seguridad, los hechos demuestran otra realidad: Cartagena está siendo superada por la criminalidad, mientras la ciudadanía exige respuestas concretas.
La comunidad denuncia que, aunque se ve a la Policía patrullar en algunos sectores céntricos, los barrios periféricos y populares siguen desprotegidos, convertidos en terreno fértil para bandas, ajustes de cuentas y acciones de sicariato.
Además, varios ciudadanos han expresado su desconfianza ante lo que llaman “una seguridad mediática” que se muestra en ruedas de prensa, pero no se refleja en las calles.
“¿Cuántos muertos más necesita la ciudad para que se actúe con seriedad? ¿Dónde están los operativos sostenidos, la inteligencia policial, la investigación judicial el famoso Plan Titan 24?”, se pregunta una habitante del sector, visiblemente afectada.
La situación se agrava cuando se compara con cifras del año anterior, donde abril también cerró con un preocupante aumento de homicidios. Aun así, no se han visto medidas de choque reales por parte de la Alcaldía ni de la Policía Metropolitana que frenen el derramamiento de sangre.
La ciudadanía exige que el alcalde Dumek Turbay, junto con el comando de la Policía Metropolitana y la Fiscalía, rindan cuentas públicas sobre los resultados reales en materia de seguridad, y dejen de lado los discursos para asumir con firmeza el reto de recuperar la tranquilidad.
Porque mientras no se tomen decisiones urgentes, Cartagena corre el riesgo de que la violencia deje de ser una excepción… y se convierta en norma.



