Cuando se cumplen cuatro décadas de la devastadora avalancha que sepultó la ciudad de Armero tras la erupción del Nevado del Ruiz, con un saldo estimado de más de 25.000 víctimas, la comunidad armerita y las instituciones del departamento del Tolima se articulan en una conmemoración que mezcla memoria, cultura y prevención.
Desde hace varios años, uno de los retos más urgentes es la conservación de las ruinas de Armero: las estructuras, vestigios y el paisaje marcado por el desastre representan hoy un “campo de memoria” que la comunidad considera clave para no olvidar el pasado, aprender de él y proyectar un futuro más resiliente.
El artista plástico y gestor cultural Hernán Darío Nova ha dedicado más de 40 años a visibilizar la ruina de Armero como patrimonio cultural vivo y espacio de reflexión social. Según Nova, “las ruinas hoy están bastante descuidadas” y requieren de un Plan de Manejo Especial para asegurar su preservación a largo plazo.
El Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes ya avanza en el inventario patrimonial de esas ruinas como paso previo para declarar el sitio como Bien de Interés Cultural de ámbito nacional. Este proceso técnico-legal, aún en curso, incluye medición, cartografía, registro de la propiedad y caracterización del entorno urbano y natural.
Como parte de la conmemoración, la Gobernación del Tolima, la alcaldía municipal de Armero Guayabal y entidades nacionales han organizado una agenda que combina actos religiosos, artísticos y culturales. Las actividades contemplan misas, ofrendas florales, exposiciones artísticas, murales de memoria y la entrega de la primera fase del “Parque Jardín de la Vida”, concebido como un espacio de contemplación en el antiguo casco urbano.
Este enfoque cultural pretende no sólo recordar el desastre, sino también visibilizar la resiliencia comunitaria, la necesidad de prevención del riesgo y la importancia del patrimonio –material e inmaterial– como herramienta de identidad y desarrollo local.
Las ruinas de Armero no son solo una zona abandonada: son testigos físicos de una tragedia que dejó heridas profundas en la nación. Según datos referenciados, cerca del 60% de los inmuebles originales del casco urbano han desaparecido por vegetación invasiva, crecimiento desordenado de árboles y falta de mantenimiento, lo que pone en riesgo la integridad del sitio.
El reconocimiento patrimonial busca asegurar que estas ruinas tengan un tratamiento especializado: un Plan de Manejo Especial, protección legal, intervención menor de conservación y una estrategia de turismo de memoria sostenible, que combine respeto hacia la tragedia con el impulso de nuevas dinámicas económicas.
La tragedia de Armero significó, entre otras cosas, el origen del actual Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) en Colombia, y marcó un hito en la gestión del riesgo de desastres. Hoy, la conmemoración de los 40 años incorpora esa dimensión: memoria histórica + cultura + prevención = resiliencia.
La conservación de las ruinas, el fomento del patrimonio cultural y el reconocimiento de la catástrofe como parte del relato colectivo no solo honran a las víctimas sino que construyen un sentido de identidad regional y nacional.

