“El tic tac del reloj pasa como los años”, reza la hermosa canción Cuando, cuando. “Algún día” sabremos y valoraremos la cercana, eficiente, oportuna y eficaz alcaldía que realiza Yahir Acuña en Sincelejo. “El tic tac del reloj pasa como los años”. Ese tic tac continúa la cuenta regresiva de la administración Acuña, que, con sus aciertos y desaciertos, se ha hecho sentir para bien.
Yahir está en todo, a toda hora. Quien lo niegue miente. La ciudadanía siempre exigirá más —y está en su derecho—, pero no es ingenua: sabe que tiene un alcalde que responde, que resuelve, que está al alcance de su mano. Entonces… ¡algún día! Mientras “el tic tac del reloj pasa como los años”, se nos va agotando el mandato del dinámico alcalde.
Resulta vergonzoso que, en medio de la actual campaña política, algunos que se autodenominan opositores —clasificables apenas como verduleros baratos— crucen los límites y profieran barbaridades contra el alcalde, creyendo arcaicamente que eso les dará réditos. Están equivocados. Además, muchos carecen de autoridad moral y terminan graduándose de cínicos carroñeros. La comunidad los conoce. Esa forma rastrera de atacar pasó de moda hace rato. El mundo cambió.
En materia de seguridad, Acuña muestra una reducción superior al 80% en homicidios —aunque aún ocurren hechos lamentables— en comparación con la administración anterior de Andrés Gómez Martínez. En hurtos al comercio, Sincelejo figura hoy entre las ciudades con menores índices del país.
El programa Jóvenes de Paz, atacado sin misericordia por algunos sectores, ha significado para muchos jóvenes un verdadero abrazo institucional. No apoyar ese programa es irresponsable y debería estar por fuera de cualquier cálculo politiquero. No todo vale.
Con autoridad y argumentos, Yahir Acuña afirma sobre Jóvenes de Paz: “Estas son historias reales que cuentan una verdad que muchos desconocen. Hoy, la zona sur de Sincelejo cuenta otra realidad. No dejaremos de seguir apoyando y acompañando a quienes más lo necesitan”.
Apoyar a quienes más lo necesitan es un sello de su administración. La inseguridad suele estar asociada a la oscuridad. En su plan de expansión de alumbrado público, la Alcaldía instaló recientemente 82 luminarias adicionales. A esto se suma la pavimentación —incluidos corregimientos como Chochó, con la intervención de la calle del Pozo—, el plan de parques, la alimentación escolar iniciando puntualmente desde el primer día de clases, el apoyo a estudiantes en pruebas ICFES, las Fiestas del 20 de Enero —que congregaron más de 600 mil personas, el doble de la población local, dinamizando notablemente la economía—, el rescate del centro histórico y el trabajo frente a problemáticas como la indigencia y la prostitución. ¡En verdad hay alcalde en Sincelejo!
Cabe agregar que nadie gobierna solo. A su lado está su esposa, Sofía Méndez, quien, guste o no, cumple un papel visible de acompañamiento y soporte institucional. Sería injusto omitirlo. Se avecina un nuevo presidente de la República. Ojalá se sintonice con Sincelejo y facilite mayores ejecuciones. Entre los grandes anhelos está el proyecto del acueducto desde el río Magdalena, una obra que partiría la historia de la capital sucreña en dos.
¿Falta por hacer? Claro que sí. Ningún gobierno es perfecto y siempre quedarán tareas pendientes. Pero de que ha hecho, ha hecho, y con resultados visibles. “Algún día”, cuando el tic tac haya avanzado, diremos: hace falta Yahir Acuña.



