Teniendo Estados Unidos cerca de 35 millones de consumidores de cocaína y otras drogas sintéticas, muchos se preguntan cómo es posible que exista una demanda tan grande si ya no aparecen capos tan visibles como Pablo Escobar, Carlos Lehder o Gonzalo Rodríguez Gacha.
Estados Unidos presume de ser el “policía del mundo” y con frecuencia estigmatiza a varios países de América Latina, especialmente a Colombia, cuando se habla de narcotráfico. En el mar Caribe incluso ha realizado operaciones contra embarcaciones sospechosas de transportar droga sin tener plena certeza de su origen, lo que en ocasiones ha terminado en incidentes con víctimas inocentes.
En el llamado “gran país del norte”, sin embargo, también existen poderosas redes de distribución de drogas. Muchos sostienen que las autoridades, incluida la Drug Enforcement Administration (DEA), conocen la complejidad de estas estructuras, aunque el fenómeno sigue siendo difícil de erradicar.
Estados Unidos también tiene una historia marcada por conflictos y disputas territoriales. Basta recordar la guerra contra México en el siglo XIX, tras la cual territorios como Nuevo México, California, Arizona y Texas pasaron a formar parte de la Unión.
Décadas después vendría la prolongada Guerra de Vietnam (1955-1975). Tras el conflicto regresaron miles de soldados estadounidenses que habían vivido experiencias extremas y que, en muchos casos, habían recurrido a las drogas para sobrellevar el estrés del combate.
Con el paso del tiempo, el consumo interno comenzó a crecer de manera preocupante. Paralelamente se fortalecieron las redes internacionales de tráfico de drogas que abastecían esa demanda. En ese contexto surgieron organizaciones criminales que marcaron la historia del narcotráfico en América Latina, como el Cartel de Medellín y el Cartel de Cali.
El Cartel de Medellín alcanzó notoriedad mundial bajo el liderazgo de Pablo Escobar. Por su parte, el Cartel de Cali, dirigido por los hermanos Gilberto Rodríguez Orejuela y Miguel Rodríguez Orejuela, llegó a controlar una parte significativa del mercado de cocaína en los Estados Unidos durante los años noventa.
Gilberto Rodríguez Orejuela, quien estudió Filosofía e Historia en la Universidad Santo Tomás, escribió en prisión su autobiografía titulada Gilberto según Rodríguez Orejuela. En ella relata su vida, desde la pobreza en sus primeros años hasta convertirse en uno de los narcotraficantes más poderosos del mundo.
Rodríguez Orejuela cumplía una condena de treinta años en una cárcel de Estados Unidos cuando falleció, después de haber dejado escritas sus memorias. Hoy en Colombia ya no existen los grandes capos que dominaron el narcotráfico en las décadas de 1980 y 1990. Sin embargo, la cocaína continúa llegando a Estados Unidos en grandes cantidades.
La explicación que muchos analistas señalan es clara: mientras exista una demanda masiva de consumidores, el negocio del narcotráfico seguirá encontrando la forma de sostenerse.



