Soy un hombre de libertades, desde que estas respeten normas de sana convivencia, los valores humanos, los valores morales y éticos del respeto por la dignidad de las personas, su buen nombre, del respeto por la vida y por los valores del evangelio en las cuales creo que son el fundamento para una sociedad tolerante, justa, equitativa y de paz. Condeno y rechazo, sin ningún tipo de equívocos, el incitamiento a la violencia, expresiones de odio, descalificación de personas, insultos, la estrategia del fake news, venga de quien venga y de donde venga, y el modo de propagación que utilicen para su difusión.
El Internet, y en particular las redes sociales, son, sin lugar a dudas, un espacio donde se conforma la opinión pública y a través del cual los ciudadanos ejercen su libertad de expresión. las redes sociales quizás sean el mecanismo más poderoso del que disponen los ciudadanos para hacer oír sus voces, de tal manera que el acceso a esos espacios, que constituyen el más amplio foro democrático, tiene una indudable relevancia para la libertad de expresión.
Una tarea pendiente es definir jurídico-constitucionalmente cuál es la posición de las redes sociales y de los operadores de Internet, y cómo se pueden proyectar sobre ellos la libertad de expresión y las exigencias que derivan del principio del pluralismo: ¿Qué garantías y qué riesgos trae la tendencia privatizadora donde se confía que sean las redes sociales y operadores privados los encargados de la limpieza de Internet, con el poder de bloquear o censurar aquello que estos entes consideren inapropiado, aunque pudiera ser un ejercicio lícito de la libertad de expresión? Creo que en este aspecto existe un vacío legal y abusos.
Jack Dorsey reconoce que el cierre de la cuenta del presidente de EE.UU. demuestra que su compañía ha fracasado en promover una conversación saludable, (no solamente la de él como la de las demás plataformas virtuales) y además que sienta un peligroso precedente, aunque algunas páginas sociales son ya catedráticas en callar voces de los que defiende posiciones políticas, religiosas, éticas o morales del gobierno de turno o de los que se oponen legítimamente a las tomas de posición de determinadas instituciones y personas.
¿Y la libertad de expresión, donde comienza y dónde acaba? Y en eso nadie está de acuerdo, y no existe tampoco una legislación clara sobre el tema. Todos dicen lo quieren, insulten a su bel placer, inventan mentiras que nunca son rectificadas, destruyen la dignidad de las personas y su buen nombre sin mirar las consecuencias, expresan odio etc.
Las redes sociales han contribuido a hacer una sociedad que da acceso a la información, que comparte noticias, opiniones y todo tipo de ideas. Un avance en la libertad de expresión. Sin embargo, justo al llegar a este punto es cuando debemos plantearnos si existe algún límite. Porque, ¿existe una línea que no debería cruzar la libertad de expresión? ¿Qué debería hacerse cuando esta traspasa la frontera y atenta contra la dignidad de las personas? ¿Tenemos derecho a publicar todo aquello que queramos desde nuestras cuentas de redes sociales alegando libertad de expresión? ¿O la muestra de estas ideas no debe traspasar el límite del derecho al honor de los demás, y reglas éticas y morales que se deben conservar?
Creo que, en estos casos, ante la falta de control, siempre debe imperar el sentido común. Las redes sociales son una magnífica herramienta para tener voz en cualquier parte del mundo, sin importar la ubicación, ideología política, el sexo, la clase social, la religión que profesa o cualquier otro condicionante. Sin embargo, es importante saber dónde se encuentran los límites para no caer en el insulto, la humillación, repetición de mentiras, en la intolerancia y la violencia verbal hacia los demás, que a veces se transforma en violencia física.



