No quiero hablar de revocatoria, doy por descontado que Dau se saldrá con la suya y nadie responderá por tantas irregularidades en esta Administración. Quiero hablar de un personaje que nos aportó más a los cartageneros que cualquiera que haya pasado por el Palacio de la Aduana. Quiero hablar de Edelberto Geles. Muy probablemente, no sepan quién es este señor y que aporte hizo.
Dígale a Petronita: que yo soy un hombre egregio, benemérito y conspicuo. Alguien pregunto. ¿Esa vaina que significa? Yo no sé, pero se oye bacano. Y susurro…Sapo. Quieres es dañar el cuento. Y las carcajadas retumbaron.
Esa fue la primera vez que vi en persona al «Cuchilla Geles» por allá por el año 1997, desde ese momento me convertí en una seguidora de este maravilloso artista callejero, muchas veces había escuchado sus cuentos, pues no era raro que en cualquier reunión de amigos cualquiera refiriera alguno de sus cuentos, tratando inútilmente de imitar su particular voz y estilo o que alguien sacara un cassette con sus grabaciones.
“El cuchilla”, fue un hombre genial, aunque para muchos, incluso el mismo, no era más que un cuenta chistes, pero para mí era mucho más que eso, su agilidad mental, capacidad retórica, su recurrencia y su florido vocabulario lo hacían único.
Era un poeta de versos y sonetos un rimas, disímiles de cualquier otro, su expresión corporal y la manera de desplazarse por el improvisado escenario, dejaban en evidencia su experiencia como púgil, era como si se moviera en la lona esquivando golpes y buscando la manera de conectar un buen gancho; de está practica sale el apodo de «Cuchilla» pues según el mismo decía sus movimientos y golpes eran tan certeros y rápidos que cortaban.
No hay cartagenero que no haya escuchado hablar de el, la mayoría lo ha escuchado y si por esa doble moral que caracteriza al cartagenero alguien se ve obligado a contener la risa, es muy seguro que en sus adentros no se contengan las carcajadas.
Edelberto «El cuchilla Geles” fue un mensajero de la alegría. Fue el influencer de los noventa, que sin redes sociales miles seguían y sin rimas humillantes hacía reír a todos. “Cuchilla geles” fue un poeta diferente.




