Hace más de 40 años vivo en Sincelejo, haciendo periodismo escrito y radial. Tengo cuatro hijos, de los seis que la Divina Providencia me envió como compañeros de remo para navegar por la vida. Desde el mayor hasta el menor, les he enseñado a amar esta tierra bella.
El alcalde Jaime Merlano y el gobernador Jorge Anaya me impusieron la Medalla de Gran Ciudadano; igualmente, el gobernador Anaya me otorgó la Medalla al Mérito por tener en mis diferentes programas en cuenta la cultura ciudadana y el civismo como componente esencial de mis intervenciones y entrevistas, estimulando a la audiencia a sumarse a la causa optimista del posible desarrollo de la capital del departamento de Sucre.
Hoy puedo decir, sin temor a equivocarme, que Sincelejo no tiene dolientes. La ciudad se ha ido deteriorando bajo la mirada indiferente de los diferentes alcaldes y de la comunidad en general. Nadie reclama, nadie habla en voz alta para ser escuchado en las alturas. Sincelejo no puede seguir deteriorándose física y socialmente, esperando que algún día llegue un buen alcalde. Sincelejo merece mejor suerte.
Varios alcaldes han desfilado por la administración municipal sin dejar un legado que impacte a la opinión pública. El alcalde Jairo Merlano, quien fue burgomaestre en dos ocasiones, desalojó el mercado del centro e inició la primera parte del nuevo mercado. Luego, Alberto Gómez Revollo continuó la labor, y vino el entonces presidente Ernesto Samper a la inauguración, cuando el mercado estaba prácticamente terminado. También se construyó el Teatro Municipal.
A Jesús Paternina Samur, ya fallecido, le correspondió ejecutar el programa “Ciudad Amable”, que manejaba recursos nacionales, lo que significa que se administró una gran cantidad de dinero; sin embargo, las obras no se notan. Paternina Samur inició el edificio de la Alcaldía.
Jacobo Quessep fue el alcalde de las “cien calles”, que hoy no se ven, pero inició la calle principal del barrio Florencia, y Andrés Gómez Martínez la terminó. Su administración estuvo cargada de afugias e inconvenientes, y la ingobernabilidad fue su fiel compañera.
Si la ciudadanía no se concientiza y sigue navegando entre el clientelismo y la compra y venta de votos, apoyando la corrupción anclada en el territorio sabanero, Sincelejo irá de mal en peor, votando por candidatos sin propuesta y sin un proyecto de ciudad moderna y atractiva.
El alcalde actual, Yahir Acuña Cardales, como candidato engañó a gran parte del pueblo. Visitó barrios como Venecia y Florencia con actitud conciliadora y logró convencer a muchas personalidades con su retórica, mientras que, para el pueblo raso, tenía todo el dinero dispuesto para conseguir los votos.
Hoy vemos una sociedad defraudada y a Sincelejo convertida en un desastre. Sus calles están desapareciendo y el alcalde parece sentado en su trono, preguntándose: “¿Y ahora qué hago?”. Pero el pueblo guarda silencio. Y la prensa no retrata con firmeza la triste realidad de la capital de Sucre.



