“¿Dónde está la bolita?” no solo es el nombre de un juego de azar y adivinación. También es una expresión utilizada para preguntar qué hay detrás de una situación, qué puede estar oculto o dónde podría encontrarse la verdadera intención de una determinada jugada.
Y eso es, precisamente, lo que muchos se preguntan frente a la intención que ha planteado el alcalde de Cartagena, Dumek Turbay, de crear una empresa de servicios públicos que eventualmente reemplace a Aguas de Cartagena en la prestación de los servicios de suministro de agua potable y alcantarillado sanitario.
Conociendo la trayectoria política del alcalde y su manera de actuar, algunos consideran que, detrás del enfrentamiento que se ha generado con Aguas de Cartagena y de los cuestionamientos públicos a su gestión y a su gerente, John Montoya, podría existir una intención que aún no ha sido explicada completamente.
Resulta llamativo que sea el propio alcalde Dumek Turbay quien hoy cuestione a Montoya, cuando fue él mismo quien, en febrero de 2025, respaldó su regreso a la gerencia de Aguas de Cartagena, después de una trayectoria desarrollada durante varios gobiernos distritales, desde las administraciones de Guillermo Paniza y el segundo mandato de Nicolás Curi, entre otras.
Por eso, resulta discutible atribuir exclusivamente al actual gerente las dificultades que enfrenta el sistema de acueducto de Cartagena. El problema tiene componentes estructurales que vienen de décadas atrás.
La red matriz del acueducto cartagenero tiene sectores con una antigüedad considerable y existen tuberías de materiales que hoy están prohibidos o restringidos por razones sanitarias. Es una realidad que debe ser analizada técnicamente y que plantea una pregunta fundamental: ¿el problema es realmente el operador o la infraestructura sobre la cual funciona el sistema?
También sería necesario conocer con precisión cuánto se ha cumplido de las obligaciones establecidas en el contrato de concesión suscrito en 1995, particularmente en materia de reposición y modernización de las redes. Ese es un asunto que debería ser explicado públicamente por las entidades responsables y sometido al escrutinio de los organismos de control.
- ¿Cambio de empresa o renovación de redes?
En medio de esta discusión han surgido versiones sobre la eventual llegada de un nuevo operador para reemplazar a Aguas de Cartagena. Incluso se ha mencionado una empresa de capital extranjero con operaciones en Buenos Aires, Argentina.
Hasta ahora, esas versiones no han sido confirmadas oficialmente, y tampoco existen elementos públicos que permitan afirmar que el alcalde Dumek Turbay tenga participación, directa o indirecta, en dicha compañía.
Por tratarse de señalamientos que involucran posibles intereses particulares, cualquier afirmación en ese sentido tendría que estar respaldada por documentos, registros empresariales, contratos u otras pruebas verificables.
También han circulado versiones sobre eventuales dificultades contractuales y cuestionamientos al servicio prestado por dicha empresa en Argentina. Si esa compañía llegara a ser considerada como eventual operador del sistema de Cartagena, sería indispensable que la Administración Distrital explique públicamente sus antecedentes, experiencia, capacidad técnica y condiciones contractuales.
Porque hay una pregunta que no puede quedar por fuera de esta discusión: ¿De qué serviría cambiar de operador si el nuevo prestador tuviera que utilizar la misma infraestructura deteriorada?
Si existen redes con décadas de antigüedad, tuberías que requieren reposición y una infraestructura que necesita inversiones de fondo, el debate no debería reducirse únicamente a quién administra el servicio.
Cartagena necesita conocer qué se ha invertido, qué se ha cumplido, qué falta por ejecutar y quién debe responder por la modernización de las redes. Cambiar de empresa sin resolver el problema estructural de las tuberías podría significar simplemente cambiar al administrador del problema.
Por eso, antes de buscar culpables o anunciar nuevos operadores, sería conveniente poner todas las cartas sobre la mesa: contrato de concesión, inversiones ejecutadas, obligaciones pendientes, estado real de las redes, planes de reposición, costos y eventuales alternativas para garantizar el futuro del acueducto y el alcantarillado de Cartagena. Mientras tanto, la pregunta sigue abierta: ¿Dónde está la bolita? Que sean los documentos, los contratos, las cifras y las investigaciones correspondientes los que permitan encontrarla.



