En una apuesta estratégica por la defensa ambiental del Caribe insular, la Armada de Colombia y la Fundación Tortugas del Mar definieron la hoja de ruta 2026 para fortalecer la conservación de tortugas marinas en el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, uno de los ecosistemas más biodiversos y estratégicos del país.
El encuentro estuvo liderado por el Contralmirante Omar Yesid Moreno Libreros, comandante del Comando Específico de San Andrés y Providencia, y la bióloga Karla Barrientos, directora de la organización ambiental, en el marco de la campaña institucional “Protegemos el Medio Ambiente”. La reunión consolidó una agenda conjunta que integra seguridad marítima, control territorial y protección de la biodiversidad.

La articulación interinstitucional reafirma una visión ampliada de la defensa nacional: proteger el territorio no solo implica resguardar la soberanía marítima, sino también salvaguardar los recursos naturales que sostienen el equilibrio ecológico y la economía insular.
El Archipiélago forma parte de la Reserva de Biosfera Seaflower, declarada por la UNESCO, y alberga ecosistemas coralinos y pastos marinos fundamentales para la estabilidad del Caribe occidental. En este contexto, la protección de las tortugas marinas adquiere una dimensión estratégica frente a amenazas como el cambio climático, la contaminación plástica y la pesca ilegal.
La hoja de ruta 2026 prioriza acciones sobre tres especies clave que habitan o transitan por aguas del Caribe colombiano:
- Eretmochelys imbricata (tortuga carey), catalogada en peligro crítico de extinción.
- Caretta caretta (tortuga cabezona), especie migratoria determinante en la dinámica oceánica.
- Chelonia mydas (tortuga verde), esencial para el mantenimiento de pastos marinos y arrecifes coralinos.
Estas especies cumplen funciones ecológicas irreemplazables: control de poblaciones de medusas, mantenimiento de praderas submarinas y contribución a la salud de los arrecifes. Su declive tendría efectos en cascada sobre la cadena trófica y sobre sectores económicos como el turismo sostenible.
Durante la reunión se definieron líneas de acción concretas:
- Fortalecimiento de campañas de educación ambiental dirigidas a la comunidad insular y al sector turístico.
- Intensificación de patrullajes y controles en zonas de anidación.
- Jornadas de monitoreo científico y liberación de ejemplares.
- Promoción de canales de denuncia frente a delitos ambientales.
La Fundación destacó que el acompañamiento institucional resulta determinante durante las temporadas críticas de anidación, cuando las tortugas llegan a las playas del Archipiélago para depositar sus huevos, etapa especialmente vulnerable frente a perturbaciones humanas.
El Comando Específico subrayó que la seguridad integral del Archipiélago pasa por la protección de su capital natural. En una región cuya economía depende en gran medida del turismo responsable y de la riqueza marina, la conservación no es solo un imperativo ambiental, sino también una estrategia de sostenibilidad social y económica.
La articulación entre Fuerza Pública y sociedad civil organizada consolida un modelo de cooperación que trasciende la coyuntura y proyecta acciones estructurales a mediano plazo. El mensaje es inequívoco: defender la biodiversidad es también defender la cultura insular, la seguridad alimentaria y el futuro de las nuevas generaciones.



