En el gobierno del presidente Petro, la prensa especializada en propaganda negra, sus enemigos políticos y económicos, y las redes sociales han tenido suficiente material para saciar el gusto de un amplio sector del país por la chismografía. Lo han desacreditado como nunca antes se hizo con expresidentes, muchos de los cuales, a la hora de la verdad, han tenido demasiado “rabo de paja”.
Comenzamos con el suceso en Panamá, donde manos oscuras publicaron imágenes y videos de un individuo parecido a Petro, tomado de la mano de una supuesta mujer trans. Los afines al sector de la crítica destructiva sin fundamento sacaron a relucir sus propios conflictos emocionales y sexuales. Como siempre, comenzaron a tildar al jefe de Estado de homofóbico, bifóbico y transfóbico, y a encasillarlo como bisexual, heterosexual u homosexual. Al asombrado presidente le tocó salir a la luz pública y gritar: “¡Yo soy heterosexual!”
Otro de los cuentos —propios de falderas, tanto hombres como mujeres adeptos al chisme— es que el presidente tiene una salud mental inestable y adicciones a las drogas. Muchos de quienes lo acusan han tenido seguramente sus propias experiencias con la maracachafa, el polvito blanco o las drogas sintéticas, y pasan de adictos activos a acusadores funcionales. Le hacen el juego a intereses políticos, sin que ninguno pueda afirmar que le entregó cocaína o marihuana al presidente y que este la haya consumido con ellos. Petro ha dicho reiteradamente: “No soy adicto”, y acusar sin fundamento es propio de discapacitados mentales.
Los consumidores, especialmente los marihuaneros, suelen decir que un porro ayuda a relajarse, a superar conflictos y a conectar con lo espiritual. Pero cuando el efecto se desvanece, se enfrentan nuevamente a una cruda realidad: un país polarizado que se desmorona entre chismes, acusaciones sin pruebas y enfrentamientos constantes entre gobierno y oposición, en perjuicio del pueblo colombiano.
Pasando a lo político-administrativo, hablamos ahora del famoso “69”. No el del Kamasutra, con su filosófica posición sexual entre dos personas del mismo o diferente sexo, sino del número de cambios ministeriales que ha realizado el presidente desde que llegó al solio de Bolívar. Según el diario La República, Petro ha hecho 69 cambios ministeriales, con una duración promedio de 11,1 meses por ministro.
Durante su primer año de mandato, de los 18 ministros iniciales, solo 7 permanecieron. Los primeros en salir fueron María Isabel Urrutia, Alejandro Gaviria y Patricia Ariza. Las carteras más afectadas por los cambios han sido Transporte (cuatro ministros), Interior, Agricultura, Hacienda, Cancillería, Educación y las TIC (tres cada una). A esto se suman escándalos en la DIAN, Prosperidad Social, el DAPRE, el DNI, y la UNGRD con su director capturado Carlos Ramón González, el exsubdirector condenado Sneyder Pinilla, la cuestionada Sandra Ortiz y los congresistas presos Iván Name y Andrés Calle.
El Ministerio de la Igualdad también se perfila como objetivo de ajustes. Aunque Petro ha dicho que debe ser liderado por personas que hayan sufrido discriminación, se requiere una regulación especial para evitar más actos de corrupción.
Vale decir que los cambios ministeriales no son exclusivos de este gobierno. En los dos mandatos de Álvaro Uribe se realizaron 37 nombramientos con solo 13 ministerios; Juan Manuel Santos hizo 61 cambios en 16 carteras, e Iván Duque 40 nombramientos con 18 ministerios.
El remezón ministerial aún no ha terminado. Los petristas de Turmequé que siguen esperando su “cuarto de hora” aún podrían tener oportunidad. No desfallecer… es la premisa. Ahora o nunca. El mandato está por terminar. No vayan a quedarse como las novias de Barranca… esperando.



