Según la última encuesta del DANE, más de 100.000 mujeres no tienen acceso a productos de higiene femenina, alrededor de 75.000 en todo el país de ven obligadas a utilizar trapos o servilletas y 45.000 desatienden por completo la menstruación. Esta es la realidad de muchas personas en el país.
Y es que un paquete de toallas higiénicas puede costar aproximadamente $15.000; la copa menstrual entre $40.000 y $50.000 y los tampones entre $10.000 y $15.000.
Las personas de bajos ingresos se ven obligadas a abstenerse de adquirir estos productos e invertir sus recursos en alimentos de la canasta familiar y productos básicos para subsistir. Escocia, entendiendo la importancia del acceso a estos productos y las implicaciones sociales y en vulneración de derechos que implica el no suministrarlos, se convirtió en el primer país del mundo que vía ley garantiza el acceso gratuito y universal a estos productos para toda la población que los necesita.
El proyecto fue presentado por la legisladora laborista Mónica Lennon quien ha sido abanderada de la lucha contra la “pobreza del período”. Este innovador suceso es la inspiración que me lleva a presentar este 20 de julio un proyecto de ley que les garantizará el acceso de productos de higiene menstrual a las personas de estratos 1, 2 y 3.
Este proyecto establece que las Entidades Promotoras de la Salud tendrán la obligación legal de garantizar el acceso a estos productos en cada uno de los municipios, ciudades y departamentos. Y en caso que estás no puedan hacerlo, las secretarías de salud municipales, distritales o departamentales deberán hacerlo.
Estos productos deben encontrarse en lugares públicos, instituciones educativas, entidades de salud y diferentes instituciones públicas del país. Además, atendiendo el enfoque de género y de inclusión, y bajo el entendido que no sólo las mujeres pueden menstruar, garantiza de manera universal el acceso a estos productos a todas las personas de ingresos bajos que menstrúan, sin ningún tipo de discriminación. Las personas deben tener la posibilidad de acceder a artículos como tampones o toallas higiénicas. Y abrir el debate del uso de la copa menstrual para un mayor compromiso con el medio ambiente.




