Permanece en el suscrito una inerme preocupación habida cuenta de la benevolencia del Gobierno Nacional contra el narcotráfico. Dadas las circunstancias no es para menos, pues está en riesgo la relación diplomática de Colombia con Estados Unidos.
Sobre el particular expondremos doce puntos:
- La relación diplomática entre Colombia y Estados Unidos no es la misma de antaño. Actualmente, la Administración de Control de Drogas no tiene control ni conocimiento razonable de la cantidad exacta de cocaína que se produce en Colombia e ingresa a Estados Unidos para su comercialización. El asunto ha hecho metástasis en Colombia toda vez que desde el año 2011 el crecimiento de cultivos de coca ha sido exponencial. Y ello con un agravante: se diagnosticó debidamente el problema, pero nunca se desplegaron- oportunamente- las medidas requeridas para mitigar la situación; hasta que se convirtió en una incontrolable bola de nieve. No hubo ni ha habido fumigación por dos razones: prohibición absurda de la Corte Constitucional y falta de carácter y/o voluntad política del Gobierno anterior y del Gobierno de turno para ejecutar la erradicación mediante aspersión aérea de glifosato.
- Existe certeza de que Colombia produce el 90% de cocaína distribuida en Estados Unidos. Pero se desconoce la cifra exacta- cuantificada en toneladas- que ingresa a ese país. De allí se desprende la preocupación de las autoridades norteamericanas por la excesiva cantidad de sustancia proveniente de Colombia.
- El Congreso de Estados Unidos (Republicanos y Demócratas) y el Gobierno Biden comparten la misma preocupación: es menester institucional renegociar las políticas que promueve el presidente Petro en materia de erradicación de cultivos y extradición de narcotraficantes- a quienes, dicho sea de paso, pretenden indultar bajo un uso desproporcionado del principio de oportunidad consagrado como una nauseabunda prerrogativa en el proyecto de ley de “sometimiento a la justicia para criminales de alto impacto” propuesto por el Ministerio de Justicia y Ministerio del Interior. ¡Esta es una de las burradas más significativas del siglo XXI, presentada por dos irresponsables ministros!
- Importante aclaración: en las relaciones diplomáticas no es admisible confundir el protocolo entre países aliados con la agenda recíproca de estos. ¡Ojo!: Una cosa es que el presidente Biden hubiese llamado a congratular al presidente Petro 24 horas posteriores a su victoria (en un simple acto de cortesía y protocolo) y otra muy distante de la realidad es que se vaya a tragar el sapo de que el gobierno colombiano quiera flexibilizar el tratamiento punitivo a los narcotraficantes.
En términos simples, la alianza y hermandad entre Colombia y Estados Unidos está enlazada a un propósito superior: el compromiso incesante de Colombia para derrotar el narcotráfico. Entonces, ¿Considera el Gobierno Petro que desatendiendo las recomendaciones de Estados Unidos se conservaría la armonía diplomática que ha imperado entre ambos países durante las últimas cuatro décadas? ¡No, señores!
- Es cierto que la relación de Colombia con Estados Unidos goza de innumerables oportunidades, pero no es menos cierto que aquellas son susceptibles de desvanecerse si no se desarrolla una política antidrogas efectiva y eficiente. Estados Unidos es un país de nobles gestos siempre y cuando su principal aliado en Latinoamérica (Colombia) atienda al interés supremo de derrotar la expansión cocalera.
- Dos interrogantes: ¿Tiene plena disposición el Gobierno Petro de atender las recomendaciones de Estados Unidos? O por el contrario, ¿Está poniendo en riesgo la armonía diplomática al generar tensiones insuperables?
- No hay duda: la labor del embajador Luis Gilberto Murillo ha sido noble y abrumadora de buenas intenciones, pero la simple nobleza no preserva la armonía diplomática, ni mucho menos produce resultados positivos de alguna índole. Ello no basta puesto que hay que ir más allá: la gobernanza estratégica no se ejecuta con buenas intenciones, sino con diagnósticos rigurosos y acciones específicas enfocadas a resolver los problemas sobrevinientes.
- El Gobierno de turno tendrá que olvidarse de alguna eliminación de visa (acertado propósito) o de gozar de algún beneficio especial-laboral para la diáspora colombiana en Estados Unidos, si previamente no demuestra compromiso absoluto para derrotar el malhadado engendro del narcotráfico. ¿Quieren lograr beneficios migratorios y laborales con Estados Unidos en tanto pretenden exculpar a los mafiosos? Así no funciona la cosa; ni en la más avezada ciencia ficción, ni en las crónicas de Narnia o el Oráculo de Delfos.
- El Gobierno colombiano debe retirar el proyecto de ley de “sometimiento”, y, empero, debe diseñar- conjuntamente- con la Agencia de Control de Drogas una nueva política antidrogas que reúna los estándares de eficiencia, eficacia y efectividad a fin de neutralizar el desarrollo industrial cocalero y de anfetaminas que, día tras día, no elude esfuerzos en “creatividad e innovación” para distribuir y comercializar esas malditas sustancias químicas y sintéticas.
- Dato importante: Estados Unidos tiene un problema enorme en materia de habitantes de calle, conocidos tristemente como Esos Homeless son ciudadanos americanos que habitan las calles de San Francisco, Los Ángeles, Nueva York, Chicago, entre otras como si fuesen zombies. Esto lo hacen por una deplorable adicción a las drogas, pues encuentran en cada esquina “exóticas” sustancias psicoactivas, muy costosas por cierto y, que, son provenientes- en mayor medida- de Colombia.
- El AHAR (por sus siglas en inglés) conocido como el Informe anual de evaluación de personas sin hogar para el año 2022, evidenció que la población estimada de personas sin hogar en Estados Unidos varía cada año debido a varios factores, entre esos, principalmente, la adicción a las drogas provenientes de Latinoamérica.
Dicho informe se publica anualmente por el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano del Estado Federal. Para el 2022 emitieron alarmantes datos, verbigracia: En una sola noche aproximadamente 582,500 personas estaban sin hogar en Estados Unidos; lo cual puede contrastarse con la cifra de muertes por sobredosis a causa del consumo de drogas, que a comienzo de 2022 registraba- según estudios de la ONU- un incremento del 28,5%. ¡Una barbaridad sin precedentes!
- Los norteamericanos están al tanto de la situación y la frustración no tiene parangón: el problema de salud pública (adicción desmedida a las drogas) por consecuencia del narcotráfico es mayúsculo, razón por la cual sienten absoluta indignación de que el gobierno colombiano no ejerza autoridad, pero sí condescendencia con los bandidos quienes son los responsables directos de convertir a sus ciudades en territorios zombie
Adenda: la mentalidad del Gobierno Nacional y particularmente de los Ministros del Interior (Prada) y de Justicia (Osuna) es lo que los estudiosos de la ciencia política norteamericana definen como una Nothing Buger: una hamburguesa sin tocino, tomate, queso y poquita carne. Algo así como una hamburguesa sin nada o casi nada; maluca, vacía, hueca, e insípida.
En tanto el Gobierno Petro no modifique sustancialmente su modelo de gobernanza, para nuestro infortunio, a Colombia la seguirá dirigiendo: el Gobierno de los ‘Nothing Burgers’.



