He decidido organizar mi desorden, porque el médico me ha confirmado que tengo principios de la enfermedad que en tres meses se llevó a mi papá.
Mi padre enviudó a la edad que tengo hoy, pero logró sobrevivir en esa condición treinta años más. Con ese tiempo, bien organizado, yo podría cumplir mis sueños y mis metas, que son muchas.
Todos tenemos fecha de vencimiento. Lo malo es que no sabemos en qué momento nos vamos a ir de este mundo material. Cada quien, dependiendo de sus creencias, asume la muerte a su manera. El tema ha sido planteado por pensadores y por juglares. Adolfo Pacheco lo plantea en su canción, “El hombre del espejo”.
Lo cierto es que mi última visita al médico ha sido un campanazo de alerta. Tengo que cuidarme al máximo, si quiero al menos vivir los años que vivió papá: 89 años, siete meses y diez días exactos.
La situación mía es más complicada. No tengo la disciplina que llevó mi padre, que se cuidaba al máximo. Comía bien, no trasnochaba y a veces era muy tranquilo. Mientras Albertico Lora era un huracán, un torbellino, mi papá era pura tranquilidad. Siempre su comida era la mejor. La primera en ser servida. Pocas veces se pasó de tragos.
En cambio, yo llevo quince años taladrado por una diabetes emotiva que no he podido controlar. Con relación a esta situación cometí un error. Publiqué un libro que se convirtió en un Bell Seller, entonces hoy me identifican más por mi enfermedad que por ser un buen escritor.
La diabetes es una enfermedad silenciosa que yo hice pública. Y el 28% de los diabéticos podemos padecer de cáncer.
Al conocer este segundo dictamen, no he tenido otro remedio que organizar mi talento. Tengo en mis archivos por lo menos tres mil crónicas, varios ensayos y novelas, que al menos debo publicar en la web. Igual tengo cerca de mil videos, documentales y programas que debo compilar en un solo lugar. Ernesto Mc Causland, previendo que se iba a morir, dejó sus crónicas organizadas.
Creo que esto me gastará un año. Todo esto quiero dejarlo organizado, pues es un sueño de siempre ser alcalde de San Jacinto, porque mi credo es transformar este territorio.
La ventaja es que guerra avisada no mata a cojo, y puedo prevenir un desenlace de infarto, pues con cuidado puedo alargar el final de la aurora. ¡Hagamos lo correcto!

