Cuando el belga Johannes Dezzutter llegó a casa del profesor Filadelfo Fuentes Campo, en Sincelejo, Sucre, supo enseguida que aquella música era la que andaba buscando por el mundo. El profesor Fila, quien se echa aceite de carrao en el nudillo de los dedos para tenerlos más sueltos, estaba tocando el porro “Boquita Salá”, de Pacho Galán, en su acordeón de dos hileras, que ya cumplió 100 años. Aparte de músico consagrado, es coleccionista de acordeones.
El extranjero, un rubio peludo, deshilachado y mal vestido, con poco dominio del español, pero con una capacidad de asombro intacta y un oído musical muy educado, quedó paralizado. No era posible que de oídos alguien tocara aquella música de otros mundos, tan sutil y armónica, pero que en Colombia la tienen escondida, porque hemos sido mal educados en este aspecto.
Johannes, había llegado a Colombia por Valledupar, donde estuvo en la Escuela del maestro Andrés “el Turco Gil”, pero no le cuadraron en sus oídos la repetición de aquellas notas tan cortas y elementales. Él venía detrás de otros sonidos, como los de la cumbia y el porro. Igual le había pasado a Diana Burco, que buscó la escuela de San Jacinto. Le dijeron que se viniera para Sincelejo, donde estuvo en manos de otros maestros, pero no le gustó el método ni el ambiente.
Eliecer Vergara, quien lo llevó donde Filadelfo, en cuya casa está pintado un acordeón diatónico en la pared, notó enseguida la empatía. Fuentes es maestro de 35 años en el magisterio, donde se pensionó, tiene una colección de acordeones y práctica por lo menos cuatro horas diarias, a sus 77 años bien vividos. Allí, en el patio de su casa, entre morrocoyos y una brisa suave que se cuela por un zaguán de flores, tiene la paciencia suprema de la enseñanza. Y tiene el método.
Johannes , quien había llegado con las limitantes de una beca y con una visa de turismo, estaba tan interesado en el porro “boquita salá”, como en el precio del servicio.
El profesor Fuentes, que es un eximio mamador de gallo, le dijo que no le iba a cobrar ni un solo peso, pero le puso dos condiciones. La primera era que a partir de ese momento no se llamaría Johannes, no sé qué mondá, porque ese nombre es muy difícil, sino “Juancho”, simplemente “Juancho”.
Y la segunda condición fue que se bañara todos los días. “Juancho” le preguntó, porqué, profesor, con un español muy enredado, a lo que Fuentes le respondió que “usted hiede a la cajeta donde se guardan los huevos de iguana”.
Una tercera regla metodológica, que más le gustó a Johannes Dezutter, fueron las enseñanzas de palabras folclóricas y versos plebes, como nojoda, mondá, hijueputa y una estrofa de la opera del mondongo, que el alumno ahora recita por todo el mundo.
– la señora Rafaela ya no me la quiera dar, porque dice que yo tengo siete nudos en la mondá.
El profesor Fuentes le enseñó a su alumno extranjero 150 canciones sabaneras, de autores como Pacho Galán, lucho Bermúdez, la sonora cordobesa, Pacho Zumaqué, Andrés Landero, Calixto Ochoa, Felipe Paternina, gaiteros de San Jacinto, entre muchos otros y de “Juancho” el profesor Fuentes aprendió la puntualidad.
Fuentes dictaba clases en la Escuela Normal de Sincelejo por la tarde y en la mañana atendía a “Juancho” y otros alumnos en el patio de su casa, en el barrio 20 de Julio, cerca donde vivió Alfredo Gutiérrez. El alumno no llegaba ni antes ni después. Llegaba a las siete en punto. Se venía caminando desde el barrio Sincelejito, bastante lejos.
Un día amaneció lloviendo en Sincelejo. El aguacero se prolongó hasta las nueve de la mañana. El profesor pensó que ese día “Juancho” no iba a ir a clases y ya estaba que colgaba la hamaca, cuando en pleno aguacero y a las siete en punto, tocaron en la puerta. ¡Era Juancho! Después se fue a vivir a la casa de Fuentes, donde terminó su capacitación.
Los fines de semana el profesor se lo llevaba de parranda por los pueblos y le seguía enseñando palabras folclóricas. Alguna vez se lo llevó a la Arena, donde Fuentes vivió su niñez. Lo preparó, le dijo que si te preguntan de dónde eres, le respondes que eres de “Gualón”, que es un pueblo cerca de la Arena. Y si te preguntan de qué familia eres, dices que eres primo del Tuerto Donaldo.
En plena parranda, Fuentes le indicó a un amigo que le preguntara a “Juancho” de dónde era y él le respondió “Soy de Gualón , primo hermano del tuerto Donaldo”. El tuerto Donaldo era el hombre más temido en Gualón, tanto que hasta se daba trompadas con su propio padre. Un día “Juancho” anunció a la familia Fuentes Campo que regresaría a Bélgica. Se le había vencido la visa, entonces se abrazaron y lloraron.
“Juancho” llamó al profesor Fuentes desde el aeropuerto El Dorado de Bogotá, para despedirse. El profesor le preguntó qué le llevaba de regalo a su mamá y “Juancho” le respondió: – Le llevo muchas artesanías de San Jacinto, una hamaca, unas gaitas y una mochila de mondá.
Johannes se fue feliz, con unas 150 canciones colombianas y muchas palabras folclóricas, que ahora recita por el mundo. Siempre se acuerda de su profesor, lo llama y le envía dólares, pocos pero que al convertirse en pesos, ayudan, aunque sea para pagar la luz.
Este acordeonista belga, formado en Sincelejo, ahora viaja por el mundo con su lamento naufrago. Recientemente envió una de sus interpretaciones con un saludo muy especial. “Ay hombe, nojoda, guepa je, para el profesor Fuentes, el mejor profesor del mundo”.

