La Ley 1979 de 2019, conocida como la Ley del Veterano, nació con la loable intención de reconocer y dignificar a quienes, en cumplimiento del deber, prestaron sus servicios a la patria desde las filas de la Fuerza Pública. Sin embargo, con el paso de los años, esta norma que prometía equidad y reconocimiento se ha convertido, lamentablemente, en fuente de división y desigualdad entre quienes comparten una misma historia, un mismo sacrificio y un mismo amor por Colombia.
Es preocupante observar cómo, dentro de las propias filas, se ha generado una brecha innecesaria entre veteranos con asignación de retiro y reservistas de primera clase, hombres y mujeres que también cumplieron con la patria, pero que no gozan de una compensación económica mensual. Esta diferenciación, sustentada únicamente en un criterio salarial, contradice el espíritu de hermandad y justicia que debería prevalecer entre quienes decidieron servir al país.
Cada soldado, infante de marina, aviador, marino o policía, sin importar el rango ni el tiempo de servicio, entregó parte de su vida al bienestar nacional. Muchos lo hicieron en los momentos más difíciles de la historia reciente, cuando la violencia y el terrorismo amenazaban la estabilidad institucional.
Otros, desde su paso por el servicio militar obligatorio o voluntario —como lo permitió la Ley 131 de 1985, que dio inicio a la incorporación de soldados voluntarios y posteriormente a la profesionalización del Ejército Nacional— también cumplieron un papel fundamental como primer eslabón en la defensa de la soberanía y el orden. “Todos, absolutamente todos, merecen el mismo respeto, el mismo reconocimiento y la misma gratitud.”
No puede ser el dinero ni la duración del servicio lo que defina la condición de veterano. Hay soldados y suboficiales que, aunque permanecieron poco tiempo en filas, demostraron un compromiso ejemplar con la patria. Sus actos de valor y disciplina no deben quedar en el olvido por tecnicismos jurídicos ni por falta de voluntad política.
- Un llamado a la inclusión desde la institucionalidad
Desde mi condición de abogado, miembro de la reserva del Ejército Nacional y con absoluto respeto por la institucionalidad, elevo una petición respetuosa a la gobernadora de Sucre, Lucy Inés García Montes: que escuche el clamor de las reservas de la Fuerza Pública y oriente a la Asamblea Departamental para que estudie, considere y presente un proyecto de ordenanza integral que institucionalice la Ley del Veterano en el departamento, incorporando expresamente a los reservistas de primera clase como parte fundamental de este grupo poblacional. “Sucre puede y debe ser ejemplo nacional de inclusión y justicia con quienes dieron tanto por el país.”
La exclusión de los reservistas de primera clase no solo constituye un error jurídico, sino una afrenta moral hacia quienes también contribuyeron a la defensa, la estabilidad y la seguridad nacional.
- Más allá del dinero: una reflexión sobre unidad y dignidad
“Una asignación de retiro no puede ser el punto de quiebre en esta relación.” Hoy existen reservistas que ganan incluso más que muchos veteranos con asignación de retiro. Algunos son profesionales en distintas áreas y ocupan posiciones destacadas en la sociedad; otros, lamentablemente, enfrentan condiciones difíciles. Pedir su inclusión no es un privilegio, es una exigencia de justicia.
A quienes se oponen a reconocerlos dentro de esta ordenanza por ego o capricho, los invito a la reflexión. Este llamado no obedece a intereses personales, sino a una convicción: los reservistas de Colombia valen mucho más que un salario. Su entrega, su disciplina y su amor por la patria no deben ser estratificados dentro del mismo gremio.
En Sucre, como en todo el país, existen reservistas de gran talla humana y profesional. Muchos son líderes comunitarios, empresarios, docentes, servidores públicos y gestores sociales. Su espíritu de servicio trasciende el uniforme y se refleja en su aporte cotidiano al bien común. Ignorar su papel sería desconocer una parte esencial del tejido social y patriótico de la nación.
La Ley del Veterano debe evolucionar hacia una política de Estado verdaderamente incluyente, que no discrimine ni segregue, sino que reconozca por igual a todos los hombres y mujeres que alguna vez respondieron al llamado del deber. Si Sucre logra avanzar en esa dirección, marcará el camino para que otras regiones sigan su ejemplo.
- La verdadera patria es la que une
No se trata de beneficios económicos ni de privilegios, sino de justicia, memoria y gratitud. Más allá de los grados o los años de servicio, todos los que vistieron el uniforme hacen parte de una sola familia: la familia de la Fuerza Pública. “La proporción de reservistas ante la de los veteranos es mayor y sigue aumentando cada día; este debe ser uno de los motivos para la unión.”
El tiempo, sin duda, dará la razón a quien actúe con sensatez y visión de país. Ser veterano no es una cuestión de rango ni de nómina: es una condición de honor que se gana sirviendo con lealtad a Colombia. Seamos coherentes, justos y objetivos. Porque, en definitiva, la inclusión también es una forma de servir a la patria.

