En opinión, la libertad es expresión democrática. Nada que hacer: “si es puta, vuelve” —lo cito con respeto por la autenticidad cultural—. Es lo que está haciendo el Centro Democrático, en cabeza del expresidente Álvaro Uribe Vélez. No es secreto que el paracaidista Iván Duque, traído de los cabellos por capricho de Álvaro Uribe, fue el embeleco, por demás un abuso de Uribe al cariño de los colombianos, que terminó eligiendo de presidente a Gustavo Petro, por el pésimo gobierno de Duque, a quien le aplaudieron hasta el año de aprendizaje.
Vamos por el mismo camino, con la diferencia de que Uribe no elige presidente, pero sí eligió, dedocráticamente, candidata que elige presidente. ¿Qué es de la vida de la embravecida —con razón— María Fernanda Cabal?
Les desenredo el trompo. Paloma Valencia, la gritona candidata del Centro Democrático, que desquiciadamente, sin rigor ni límite, pegó un alarido más en el Congreso: “no me vaya a mandar a matar”, da cuenta de la ausencia de autocontrol, entre otras cosas. Resulta que no le alcanza para llegar a la Presidencia de la República. Hay polarización entre derecha e izquierda, que entra a definir el centro, sin fuerzas para pasar a segunda vuelta presidencial, pero sí con suficiente impulso para definir la contienda.
Jamás se va a acercar ese centro a Paloma Valencia, Abelardo de la Espriella, Pinzón, incluso a la desinflada Vicky Dávila. Jamás. Por ello Sergio Fajardo es radical contra Abelardo, pero tibio al mencionar a Cepeda. No olvidemos, además, que los candidatos de centro no son dueños de votos: no endosan, pero sí dejan ver el comportamiento electoral de sus votantes.
El centro jamás votará por quien promete destripar a quien piensa distinto o quien, a todo galillo extremista, sin cordura, se desparrama con la pupila dilatada al máximo posible, temiendo que un senador “no la vaya a mandar a matar”.
Mientras tanto, la historia de Francisco Santos —ignorado por Álvaro Uribe— habla de una firmeza en la derecha, compromiso con la seguridad, pero mano tendida a un centro que conoce su trayectoria como defensor de derechos humanos, su capacidad de escucha y solución no sectaria, en un equilibrio que hoy más que nunca necesita Colombia. Amén de su experiencia gubernamental, votos y relaciones internacionales.
Esto se traduce en ausencia de resistencia en el definitorio centro, tan apetecido hoy, lo cual, aunado a la fuerza de la derecha, define presidente. Se gana con Francisco Santos, pero Álvaro Uribe se niega, enceguecido, a verlo. Prefiere entregar el país.
A Abelardo de la Espriella se le reconoce que no se define como obstáculo mesiánico para ser presidente, sino que “le carga la maleta” a quien toque cargársela, con tal de que no haya continuidad en el tuitero y nefasto gobierno de Petro.
Increíble que sea el presidente Uribe quien no ha asimilado que el país cambió y que, por mucho que se lo quieran hacer creer, no es Uribe el otrora rey electoral terrenal. Ese país que le debe mucho a Uribe, pero al no entender los tiempos, lo que hizo con las manos lo desbarata con los pies. El camino correcto es Francisco Santos, presidente.
Con el respeto de los procesos electorales internos de cada país, es el presidente Donald Trump y el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, quienes están llamados a no dejarnos solos con un Álvaro Uribe que deleita, con sus encaprichados y desactualizados actos, a Petro, que se frota las manos con lo que hace Uribe, entregando el país a la izquierda, que demostró lo nefasta que es gobernando. Excusa no puede ser que es tarde, porque las elecciones no han pasado.
Últimos acontecimientos: bombardeada Caracas, capturado Nicolás Maduro por el gobierno del presidente Donald Trump. ¿Cómo afectará esto las elecciones presidenciales en Colombia? ¿Tiene Gustavo Petro excusa para postergarlas? ¿Habrá nacionalismo que favorezca a la izquierda o apoyo a la oposición colombiana? ¿Pierde Petro apoyo económico electoral fundamental?
Trump dijo que Petro será el que sigue. ¿Cobra relevancia esa frase en estos instantes? ¿Diosdado Cabello, Alex Saab, qué papel jugarán?
La situación es de incertidumbre, sin desconocer lo alentador de la caída del régimen dictatorial venezolano. Se dijo insistentemente que Maduro estaba secuestrado por el propio régimen, que le impedía renunciar. ¿Negoció Maduro su salida de esta forma? ¿Dónde está actualmente? ¿Quién asumirá el poder? ¿Cuál será la posición de Xi Jinping y Putin?

