Lágrimas de sangre derraman los sucreños con la fusión de los hospitales que, con tanta alharaca, promovió Héctor Olimpo Espinosa, exgobernador de Sucre. Muy a pesar de todas las advertencias y de la resistencia de la sociedad médica y civil, impuso el peso del poder del lapicero que ostentaba en ese momento para arrasar con lo que pudo salvar, y no se inmutó, movido quizás por toda una serie de intereses particulares.
No es secreto que en los hospitales se salvan vidas, sin distingo de creencias, afinidad política o cualquier otra condición. Entonces, si los acaban, ¿Qué pasa?
Eso fue exactamente lo que hizo Héctor Olimpo Espinosa. Con mayoría en la celestina Asamblea, precedida por Luis Alfonso Álvarez, milimétricamente orquestaron lo que hoy llaman, de manera descarada, un “embeleco”, culpando al Ministerio de Salud de algo en lo que ellos fueron protagonistas. Los otrora hospitales de San Marcos, Las Mercedes de Corozal y Betulia ya no existen, por obra y destrucción de Héctor Olimpo Espinosa. Y cuando los hospitales son destruidos, las vidas que se salvan en ellos, también.
La crisis de esos hospitales es sin precedentes. Ha hecho derramar lágrimas de impotencia a nuestros pueblos. Ese desastre es reconocido incluso por quienes en su época idolatraron el poder de Héctor Olimpo, que hoy, por mucho que lo ostente la “ilegítima” Lucy García, no es lo mismo, sin desconocer el sometimiento que esta habría negociado con Héctor “Iscariote” para llegar a ser gobernadora.
La tradición del Hospital de San Marcos, así como la del legendario Las Mercedes de Corozal, fue despedazada por Héctor Olimpo de un solo “machetazo”.
¿En verdad cree Héctor Olimpo que la comunidad olvida eso? Se equivoca de aquí a Cafarnaún. Quien lleva a su ser querido y no encuentra la asistencia que, aun con dificultades, sí encontraba antes —y que cada vez era mejor— hoy, por la situación que atraviesan estas instituciones, en más de una ocasión termina en las funerarias, porque no se pudo prestar el servicio con eficiencia, eficacia y oportunidad. No es igual tener la independencia que otrora tenían, al luto de la dependencia que hoy cargan.
De la misma forma, todo ese entramado terminó siendo una cordillera sobre las espaldas del hospital de Sincelejo, que igualmente salió atropellado por Héctor Olimpo Espinosa. La gente tiene muy presente eso.
En San Marcos, Héctor Olimpo no pudo asistir a la cabalgata, porque la ira del pueblo por haberles arrebatado su hospital no es de menospreciar. En el caso puntual de San Marcos, este hospital prestaba sus servicios a toda el área de influencia del San Jorge y la Mojana sucreña, por lo que municipios como Sucre (Sucre), Majagual y Guaranda, entre otros, también resultaron atropellados.
No es mucho lo que puede ir a buscar Héctor a San Marcos, la Mojana, el San Jorge, Corozal y toda su zonificación por cuenta de la salud, sin mencionar el resto del departamento de Sucre, donde sembró solo desprecio.
Cada vez que los sanmarqueros y corozaleros pasan por lo que antes fue su hospital y ven el letrero “Sede Sincelejo”, se les hiere el amor propio. Literalmente lloran con ira e impotencia. Y, de forma automática, su memoria hace la relación inmediata con Héctor Olimpo Espinosa, exgobernador de Sucre, autor de esta “masacre”.

