En un pronunciamiento de fuerte resonancia política y con eco más allá de las fronteras de Colombia, el abogado y líder del movimiento Defensores de la Patria, Abelardo De La Espriella, lanzó una advertencia directa al presidente Gustavo Petro, a quien señaló de encabezar —junto a su entorno— un riesgo “grave e inminente” para la democracia colombiana.
Bajo la consigna “la historia no perdona”, De La Espriella afirmó que una democracia solo puede considerarse auténticamente protegida cuando el gobierno de turno respeta los límites constitucionales y renuncia de manera inequívoca a cualquier intento de perpetuarse en el poder. De lo contrario, advirtió, el país se encamina hacia un escenario de ruptura institucional con consecuencias irreversibles.
Según el candidato presidencial, existiría un intento deliberado de “atornillarse en el poder” mediante prácticas que, de comprobarse, comprometerían seriamente el Estado de derecho. Entre ellas mencionó el uso indebido del presupuesto público, la instrumentalización de estructuras criminales y la presión armada de aliados del narcoterrorismo en distintas regiones del país, con el objetivo de condicionar la voluntad popular en futuros procesos electorales.
De La Espriella sostuvo además que, en los principales centros urbanos, se estaría empoderando al crimen organizado mediante mensajes y promesas como la no extradición, con el fin de influir tanto en el control territorial como en los resultados electorales. “No se trata solo de una advertencia al presidente, sino a todos aquellos que lo acompañan en esta estrategia”, subrayó.
El líder de Defensores de la Patria fue enfático al señalar que desconocer la legalidad y las libertades democráticas conduce, de manera inevitable, a un desenlace similar al de otras tiranías en la región. En ese sentido, citó el caso venezolano como una advertencia histórica: la injerencia del poder en las elecciones y el afán de perpetuación gubernamental, afirmó, “nunca terminan bien”.
Para De La Espriella, el debate actual trasciende nombres propios o candidaturas presidenciales. “Aquí no se discute una persona; se defienden principios superiores: la libertad, la democracia y la institucionalidad”, afirmó, insistiendo en que el respeto a la Constitución es la línea que separa un gobierno legítimo de un régimen autoritario.
El pronunciamiento adquiere relevancia en un contexto regional marcado por crisis democráticas y tensiones institucionales, lo que ha despertado la atención de observadores internacionales. De La Espriella advirtió que cuando un régimen cruza la frontera de la legalidad, entra en el terreno de la tiranía, y la experiencia histórica demuestra que ninguna tiranía logra un final distinto al colapso.
En su mensaje final, reiteró que los gobiernos que desconocen el Estado de derecho y las libertades fundamentales terminan enfrentando “las consecuencias más severas”. Por ello, llamó a una defensa sin titubeos de la democracia colombiana, con firmeza y determinación, para evitar que el país recorra “el mismo camino de destrucción institucional que hoy padece Venezuela”.
La advertencia, directa y sin matices, eleva el tono del debate político interno y sitúa a Colombia en el centro de una discusión internacional sobre los límites del poder, la vigencia de la democracia y el costo histórico de ignorarlos.

