No fue un adiós cualquiera. Fue una despedida a la altura de un grande. Al ritmo de tambores, entre bailes, cantos y música caribeña, Cartagena le rindió este miércoles 7 de enero un homenaje inolvidable a Bonifacio Ávila, «El Bony», figura emblemática del boxeo colombiano y referente indiscutible de la identidad popular de la ciudad.
El coliseo Chico de Hierro, escenario que tantas veces vibró con la gloria del pugilismo nacional, se convirtió en un altar de gratitud para despedir al hombre que muchos recuerdan no solo como un campeón del ring, sino como un héroe de vida, lucha y superación. Vallenato, champeta y salsa acompañaron el último recorrido terrenal de quien supo ganarse el respeto del deporte y el cariño del pueblo.
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Familiares, amigos, colegas, deportistas, medios de comunicación y representantes del sector institucional se dieron cita para honrar su memoria. Entre ellos, el director del IDER, Campo Elías Teherán, quien resaltó el legado imborrable que “El Bony” deja en el deporte cartagenero y en las nuevas generaciones que encontraron en su historia un ejemplo de disciplina, perseverancia y amor por la ciudad.

El momento más conmovedor llegó con las palabras de sus hijos, quienes agradecieron el ejemplo, la fortaleza y los valores heredados, mientras su esposa, compañera de vida durante casi cinco décadas, se despidió con la serenidad de quien compartió no solo una historia de amor, sino una vida de lucha y sueños cumplidos.
Tras la ceremonia, el féretro fue trasladado al cementerio Jardines de Cartagena en una máquina del Cuerpo de Bomberos, escoltada por una multitudinaria caravana de motocicletas y vehículos. No era un cortejo fúnebre común: era un acto de reconocimiento colectivo, una última ovación de un pueblo agradecido.
Bonifacio Ávila deja un legado que trasciende el deporte. Pionero del boxeo colombiano, embajador del nombre de Cartagena en escenarios internacionales y referente del turismo popular con su icónico “Kiosko El Bony”, su vida fue un puente entre el esfuerzo, la identidad cultural y el orgullo barrial.
Hoy Cartagena no solo despide a un exboxeador. Despide a un símbolo. A un hombre que peleó dentro y fuera del ring, que abrió caminos donde no los había y que, al partir, deja una huella imborrable en la historia deportiva y social de la ciudad. “El Bony” no se va: queda en la memoria, en la música y en el corazón del pueblo que lo vio convertirse en leyenda.

