Francisco Santos, a los resplandecientes 64 años de edad, quien batalló contra Pablo Escobar, se enfrentó y convocó a todo un país con el “No más” contra las criminales FARC, fue compañero de lucha y soporte de la política de Seguridad Democrática, además de su compromiso con los derechos humanos. Ostenta el perfil que necesita Colombia y sirve a las relaciones mundiales, incluido Estados Unidos, en cabeza de Trump, al ser un hombre de centro-derecha que garantiza firmeza en la seguridad, amplitud en el desarrollo económico y social, y entendimiento, incluso desde una oposición segura, al no ser un perseguidor, sino un garante de los derechos constitucionales de todos los colombianos.
Eso es lo que va a salir de la reunión Trump-Petro: una exigencia a Petro para que no se meta en las elecciones presidenciales. De gratis, no va a colocar sus nalgas en la silla de la Oficina Oval.
Siendo así, igualmente se le pide a la oposición colombiana que deje relucir un estandarte personal, que no hable de destripar ni enrede la situación de Latinoamérica por no tener capacidad de interlocución. Los grandes perdedores de la llamada Petro-Trump son los extremistas de derecha e izquierda. Ello abarca a Petro y a los planes del que más grite en la derecha: “No me vaya a mandar a matar”. Trump les desbarata el escenario a ambas partes en la búsqueda de sus candidatos, sin demeritar la hoy ventaja en encuestas de Iván Cepeda. El centro, centro —tipo Fajardo— no tendrá espacio presidencial. No les alcanza ni el tiempo.
No se puede desconocer, en buena hora, la salida del dictador Nicolás Maduro de Venezuela, pues no había otra forma de hacerlo. Aun así, no deja de ser una incomodidad para Trump y para los grandes, no tan contentos como Putin, Xi Jinping, entre otros. Hay incomodidad, al punto de que se puede decir que esto no está terminado.
Por todas estas circunstancias, a Trump y a su política de seguridad le sirve en Colombia —y lo necesita tanto él como el país— un interlocutor con experiencia, relaciones internacionales, reconocimiento nacional, votos y, además, que hable inglés. Hay una fotografía exacta del personaje necesario: no es otro que Francisco Santos. Es garantía de respeto a la Constitución y a la oposición, sumando incluso la participación, porque su esencia es la inclusividad, sin llegar a la permisividad de lo no tolerable. Si no lo ven, están jodidos.
“¡Pacho Santos se ha vuelto rabioso!” Ni eso le pueden endilgar, porque criterio sí maneja, ante quien sea. Es lo único —una pendejada— que se atreven a decir sus enemigos, porque jamás, ni en el lenguaje de los opositores más extremistas, les dará la boca para señalarlo de criminal o corrupto. Su esencia de hombre firme y correcto encaja a la perfección en la estabilidad y transición que requiere Venezuela, lo que garantiza un buen vecino colombiano.
Al día de hoy, Francisco Santos no tiene presa mala para ejercer el mayor cargo del país en esta dura etapa, donde los extremos deben volver a barajar sus cartas, siendo, en la derecha, el jolly electoral del momento Francisco Santos.
¿Me he equivocado en algo? No. Se alinean los planetas; si no lo ven, insisto, están jodidos y se los va a hacer ver Donald Trump.

