Desde el aire, la magnitud de la tragedia es imposible de ocultar. Tras un sobrevuelo de evaluación, las autoridades confirmaron el impacto devastador de la temporada de lluvias en el departamento de Córdoba, donde 24 municipios han resultado afectados y más de 19.000 familias hoy enfrentan una emergencia humanitaria. El paisaje, antes dominado por el verde de los cultivos y las sabanas, aparece ahora cubierto por el color café de las inundaciones, una postal que resume la gravedad de la crisis.
La situación llevó a una respuesta inmediata del Gobierno nacional. Este jueves, el director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), Carlos Carrillo, recibió en el departamento un vuelo humanitario de la Fuerza Aeroespacial Colombiana cargado con más de 10 toneladas de ayuda, destinadas a reforzar la atención de las comunidades golpeadas por las crecientes.
La asistencia se suma a los más de 7.500 kits humanitarios que ya fueron entregados a familias damnificadas en municipios como Ciénaga de Oro, Montelíbano, Moñitos y Puerto Libertador, y que posteriormente se extendieron a Canalete, Cereté, San Pelayo y San Bernardo del Viento, zonas donde las lluvias y el desbordamiento de cuerpos de agua dejaron viviendas anegadas, cultivos perdidos y economías locales paralizadas.
La operación humanitaria no se detiene. En una segunda fase, la UNGRD anunció que 5.849 familias adicionales serán atendidas en los municipios de Cotorra, Lorica, Los Córdobas, Momil, Puerto Escondido, Purísima, Sahagún, San Antero y Valencia, con la entrega de kits de alimentos, productos de aseo, elementos de cocina y frazadas, esenciales para enfrentar la emergencia en medio de condiciones climáticas aún inestables.
De manera complementaria, y con visión de mediano plazo, la UNGRD formalizó la entrega de 12 máquinas amarillas al departamento de Córdoba, en el marco de un convenio de fortalecimiento operativo por más de $8.500 millones, suscrito previamente con la Gobernación. Esta maquinaria permitirá adelantar labores de mitigación, recuperación de vías, contención de inundaciones y adecuación de jarillones, en territorios donde la vulnerabilidad estructural quedó en evidencia.
Mientras las lluvias continúan amenazando amplias zonas del Caribe colombiano, Córdoba se convierte en epicentro de una emergencia que combina impacto social, agrícola y económico. El sobrevuelo dejó claro que el desafío no es solo atender la crisis inmediata, sino evitar que el agua vuelva a borrar el sustento de miles de familias. La respuesta estatal ya está en marcha, pero la dimensión del desastre anticipa que la recuperación será larga y exigirá coordinación permanente entre Nación, departamento y municipios.




