Apenas hace pocos días escribí sobre el retiro de los escenarios artísticos del insuperable Rubén Blades, abogado y extraordinario compositor cuyas canciones sorprendieron al mundo por su narrativa testimonial y su profundo contenido social.
Pero ahora otro gigante de la música latina acaba de anunciar su despedida de la vida artística. Se trata de Bobby Cruz, quien, junto al pianista Richie Ray, hizo un aporte fundamental a la salsa con canciones como Sonido Bestial, Bomba Camará, Que se rían y Bomba en Navidad, entre tantos éxitos.
- También puede leer: Rubén Blades, Willie Colón y Héctor Lavoe: la revolución de la música latina
Bobby Cruz y Richie Ray son considerados pioneros de un ritmo latino que traspasó fronteras y que tuvo su gran desarrollo en Nueva York con músicos de origen puertorriqueño. Han ganado premios importantes, incluyendo Discos de Oro, Discos de Platino y el Congo de Oro del Festival de Orquestas del Carnaval de Barranquilla, en Colombia.
Se conocieron en 1963 en un barrio de Nueva York y, en 1965, grabaron su primer gran éxito, Comején, que les abrió las puertas en países como Puerto Rico, Colombia y Panamá.
Cuando interpretaron Me despido de la salsa, estaban anunciándole al mundo que habían encontrado a Jesucristo. Richie Ray se convirtió en pastor evangélico y fundó su propia iglesia. Bobby Cruz, aunque al principio fue más reservado frente al llamado espiritual de su compañero, terminó también fundando su iglesia y grabando música cristiana. Entre sus producciones destacó Juan en la ciudad, que narra la parábola del hijo pródigo adaptada al contexto urbano.
El 26 y 27 de diciembre de 1968 actuaron en Cali, en la Caseta Panamericana. Fue una verdadera locura colectiva. Ese mismo año estuvieron en los Carnavales de Barranquilla, en lo que se convirtió en uno de sus primeros grandes viajes a Suramérica.
Bobby continuó cantando con su propio grupo y ahora ha anunciado oficialmente su retiro de los escenarios. Con estas despedidas, pareciera que una generación dorada de la salsa va cerrando su ciclo. Queda su música, que no envejece, y el recuerdo de una época en la que el ritmo, la poesía urbana y la fe se mezclaron para hacer historia.



