Un balance oficial evidencia que, aunque disminuyeron los combates, los grupos armados ilegales fortalecieron nuevas tácticas de ataque, mientras el narcotráfico y la minería ilegal consolidan su poder financiero.
La confrontación armada en Colombia cambió de rostro durante el último cuatrienio. Un consolidado operacional de la Fuerza Pública, comparado entre los gobiernos de Iván Duque (2018-2022) y Gustavo Petro (2022-2026), muestra que el país pasó de una guerra marcada por enfrentamientos directos a un escenario en el que predominan los ataques selectivos, el uso de drones y el fortalecimiento de las economías criminales.
Las cifras oficiales, conocidas durante la rendición de cuentas del sector Defensa y analizadas revelan que los ataques contra la Fuerza Pública aumentaron de 460 a 1.102, mientras que los hostigamientos crecieron de 128 a 516, a pesar de que los combates entre tropas y organizaciones armadas ilegales descendieron de 1.953 a 1.685.
Uno de los cambios más significativos del conflicto fue la incorporación masiva de sistemas aéreos no tripulados (UAS) por parte de los grupos armados ilegales.
Durante el gobierno Petro se registraron 371 ataques con drones, una modalidad que no figuraba en el cuatrienio anterior y que, según fuentes militares, se concentra en corredores estratégicos como Catatumbo, Arauca, norte del Cauca, Bajo Cauca antioqueño, Guaviare, sur de Córdoba y sur de Bolívar, donde el ELN, las disidencias de las Farc y el Clan del Golfo disputan el control de rutas del narcotráfico y otras economías ilegales.
El impacto ha sido considerable: 297 militares resultaron heridos por este tipo de ataques y 23 uniformados murieron como consecuencia de estas nuevas tácticas de guerra.
El informe también evidencia una transformación en la lucha antidrogas. Mientras las acciones contra los cultivos ilícitos disminuyeron drásticamente —las matas de coca afectadas pasaron de más de 213 millones a 42,5 millones—, las incautaciones alcanzaron niveles históricos.
Entre los principales resultados figuran:
- 9.261 capturas por narcotráfico, frente a 6.897 del periodo anterior.
- 2,31 millones de kilogramos de cocaína incautados, frente a 1,38 millones en el gobierno Duque.
- Incremento en los decomisos de marihuana, heroína, hoja de coca e insumos químicos.
Estos resultados coinciden con el crecimiento de los cultivos ilícitos. Según el Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (SIMCI), Colombia cerró 2024 con 261.000 hectáreas sembradas con coca, la cifra más alta registrada desde que existe ese sistema de medición.
El balance oficial muestra avances en la ofensiva contra la minería ilegal, durante el cuatrienio aumentaron las incautaciones de: oro, mercurio, coltán, combustible, dragas y maquinaria pesada. Las autoridades consideran que estas economías ilegales continúan siendo una de las principales fuentes de financiación para las organizaciones criminales.
- Persistente capacidad militar de los grupos ilegales
Las cifras también reflejan la capacidad logística que mantienen las estructuras armadas ilegales. Durante el periodo analizado fueron incautadas más de:
- 10.900 armas cortas.
- 3.400 armas largas.
- Casi dos millones de municiones.
- Más de 50.000 artefactos explosivos.
En cuanto a las bajas de la Fuerza Pública, el consolidado señala que, aunque el número total de uniformados asesinados disminuyó de 289 a 272, las muertes en combate aumentaron de 107 a 129, además de aparecer nuevas modalidades de ataque, como el uso de drones y los llamados dispositivos «pisasuave», que dejaron nueve militares muertos.
El balance oficial refleja que la reducción de los combates no ha significado una disminución de la amenaza armada. Por el contrario, los datos muestran que las organizaciones ilegales han adaptado sus estrategias hacia ataques más tecnológicos y focalizados, mientras fortalecen las economías ilícitas que sostienen su capacidad operativa.
La evolución del conflicto plantea nuevos desafíos para la Fuerza Pública en un escenario donde la guerra ya no se mide únicamente por el número de enfrentamientos, sino por la capacidad de los grupos armados para innovar en sus métodos de ataque y mantener el control sobre territorios estratégicos.



