El uso compulsivo de plataformas digitales puede afectar la salud mental, el sueño y la capacidad de concentración. Especialista advierte cuándo es momento de poner límites.
Revisar las redes sociales durante unos minutos parece una acción inofensiva. Sin embargo, cuando ese hábito se convierte en una necesidad constante y difícil de controlar, puede estar afectando seriamente la salud mental, la productividad e incluso la calidad del sueño.
Así lo advirtió el doctor Víctor José Villanueva-Blasco, director del Máster Universitario en Prevención en Drogodependencias y otras Conductas Adictivas de la Universidad Internacional de Valencia (VIU), quien alertó sobre el crecimiento del denominado «doomscrolling», un comportamiento caracterizado por consumir de manera compulsiva noticias negativas o contenidos emocionalmente impactantes durante largos periodos.
Aunque esta conducta no está catalogada como una adicción clínica, el especialista explica que sí puede convertirse en un patrón problemático cuando la persona pierde el control sobre el tiempo que dedica a las redes sociales y continúa utilizándolas pese a las consecuencias negativas que generan en su vida cotidiana.
- Tres factores que alimentan el uso compulsivo
De acuerdo con el experto, existen tres mecanismos psicológicos que explican por qué millones de personas permanecen conectadas mucho más tiempo del que tenían previsto.
El primero es el sesgo de negatividad, que lleva al cerebro humano a prestar mayor atención a las noticias amenazantes o negativas como un mecanismo evolutivo de supervivencia.
El segundo corresponde a la búsqueda constante de certeza. En momentos de incertidumbre, como crisis políticas, problemas económicos o conflictos internacionales, muchas personas intentan reducir su ansiedad consultando información de forma repetitiva. Sin embargo, este alivio suele ser temporal y termina incrementando la preocupación y la necesidad de seguir revisando las plataformas digitales.
El tercer factor es el propio diseño de las redes sociales, construido para mantener a los usuarios conectados mediante funciones como el desplazamiento infinito, la reproducción automática de videos, las notificaciones permanentes y los algoritmos de recomendación personalizada.
- Ansiedad, estrés y menor capacidad de concentración
El especialista señala que la exposición continua a este flujo de información tiene consecuencias directas sobre el funcionamiento del cerebro. Las interrupciones constantes fragmentan la atención, reducen la capacidad de concentración y disminuyen el rendimiento académico y laboral, al obligar al cerebro a cambiar repetidamente de una tarea a otra.
Además, diversas investigaciones han encontrado una relación entre el uso problemático de redes sociales y el aumento de síntomas como ansiedad, estrés, malestar psicológico y estados depresivos.
Aunque los estudios aún no permiten establecer una relación de causa y efecto en todos los casos, la evidencia científica es lo suficientemente consistente como para recomendar medidas preventivas.
- El sueño, una de las principales víctimas
Otro de los efectos más frecuentes del uso excesivo de dispositivos electrónicos aparece durante la noche. Utilizar el teléfono móvil antes de dormir retrasa la conciliación del sueño, mantiene el cerebro en estado de alerta y altera los ritmos biológicos naturales, reduciendo la calidad del descanso.
Por ello, los especialistas recomiendan apagar los dispositivos electrónicos al menos 30 minutos antes de acostarse, como parte de una adecuada higiene del sueño.
- ¿Cuándo es momento de preocuparse?
Los expertos advierten que es recomendable revisar los hábitos digitales cuando las redes sociales comienzan a desplazar actividades cotidianas, afectan el rendimiento laboral o académico, alteran el descanso, generan ansiedad al desconectarse o impiden controlar el tiempo de uso.
Establecer horarios de conexión, desactivar notificaciones innecesarias, limitar el uso de determinadas aplicaciones y dedicar tiempo a actividades fuera del entorno digital son algunas de las estrategias que pueden ayudar a recuperar una relación más saludable con la tecnología.
Más allá de ser una herramienta de comunicación e información, las redes sociales también pueden convertirse en un riesgo para el bienestar cuando su uso deja de estar bajo el control del usuario. Los especialistas coinciden en que aprender a desconectarse, en un mundo cada vez más hiperconectado, es hoy una necesidad para proteger la salud mental y la calidad de vida.

