PARÍS. El papa León XIV llevó este 25 de septiembre a la sede de la UNESCO, en París, uno de sus mensajes más contundentes sobre la dignidad humana, la paz, la inteligencia artificial y los riesgos de una sociedad que puede terminar valorando a las personas por su productividad y eficiencia.
Durante su visita a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, segunda etapa de su viaje apostólico a Francia, el Pontífice se presentó como un “testigo de la paz” y llamó a construir un mundo en el que la educación, la ciencia y la cultura estén al servicio de la persona y no de la dominación.
La visita tiene además un significado histórico: se produjo 46 años después de la visita de Juan Pablo II a la UNESCO, realizada el 2 de junio de 1980. León XIV fue recibido por el director general del organismo, Khaled El-Enany, y posteriormente firmó el Libro de Honor y participó en diferentes actos protocolarios en la sede parisina.
Uno de los ejes centrales del discurso fue la defensa de la vida humana como un don y una responsabilidad, frente al riesgo de reducirla a una mercancía.
León XIV sostuvo que todos los seres humanos nacen necesitados y dependientes de otros y que esa condición debería recordar a las sociedades contemporáneas que la dignidad no puede estar condicionada por la utilidad, la capacidad productiva o el rendimiento.
En ese contexto, advirtió sobre una tendencia que considera especialmente preocupante: mientras se atribuye “inteligencia” a los sistemas tecnológicos, existe el riesgo de que se pierda de vista la dignidad inalienable de las personas.
Para el Pontífice, la dignidad humana no desaparece por la enfermedad, el sufrimiento, la discapacidad, la vejez o la pérdida de capacidades productivas. Por el contrario, sostuvo que cada etapa de la vida exige cuidado y responsabilidad.
La inteligencia artificial ocupó un lugar destacado en el mensaje papal. León XIV advirtió que las nuevas tecnologías pueden facilitar la comunicación y el acceso al conocimiento, pero también generar nuevas formas de aislamiento y profundizar problemas relacionados con la desinformación.
Su preocupación no está únicamente en la capacidad técnica de las máquinas, sino en el riesgo de que la sociedad termine delegando en sistemas tecnológicos cuestiones que pertenecen al ámbito humano.
El Papa señaló que los sistemas artificiales pueden correlacionar enormes cantidades de datos, pero no pueden responder por sí mismos a las preguntas fundamentales sobre el sentido de la existencia humana. Por ello, reclamó que la tecnología permanezca al servicio de la persona y no se convierta en una herramienta de dominio o injusticia.
- “La más terrible de las obras humanas es la guerra”
Otro de los momentos centrales del discurso estuvo relacionado con los conflictos armados. León XIV calificó la guerra como una de las expresiones más terribles de la capacidad humana para utilizar el conocimiento científico con fines destructivos. Recordó que la propia UNESCO nació después de la Segunda Guerra Mundial bajo la convicción de que la paz debe comenzar en la mente de las personas.
El Pontífice advirtió que el progreso científico separado de la sabiduría puede terminar convertido en un arma; la cultura sometida a la ideología puede transformarse en propaganda, y la educación alejada de la verdad puede terminar siendo utilizada para manipular conciencias.
El máximo jerarca de la Iglesia Católica también puso el foco en la crisis de la información. Aunque las tecnologías permiten comunicarse prácticamente de manera instantánea entre personas y continentes, el Papa advirtió que una comunicación más rápida no necesariamente significa una comunicación más verdadera.
En su intervención hizo referencia a la expansión de las noticias falsas y a la multiplicación de contenidos carentes de sentido. Frente a este escenario, defendió la educación como una herramienta fundamental para desarrollar la capacidad de discernimiento.
El Pontífice respaldó, en ese sentido, la importancia de la alfabetización mediática e informacional, particularmente para niños y jóvenes que crecen en un entorno digital.
Otro de los pasajes más fuertes estuvo dirigido a quienes ejercen el poder. Advirtió que existe el riesgo de invocar la ley cuando resulta conveniente y desconocerla cuando representa un límite, hasta llegar a una situación en la que la justicia termine tratándose como una mercancía.
Para el Papa, la ciencia y el conocimiento también pierden su sentido cuando son utilizados sin una referencia ética y dejan de estar orientados al servicio de la dignidad humana. Su planteamiento vinculó así tres elementos: verdad, justicia y responsabilidad.
El Pontífice identificó además a los sectores más vulnerables como una especie de prueba para medir el verdadero compromiso de las sociedades con los derechos humanos. Mencionó a los niños, las personas con discapacidad, los adultos mayores, los migrantes, los refugiados y quienes viven en contextos de guerra o exclusión.
La protección de estas personas, sostuvo, no puede quedar subordinada a criterios de productividad. La misma lógica la trasladó al medio ambiente. León XIV planteó que cuidar la creación implica también cuidar a la humanidad y advirtió que la actual crisis ecológica tiene una dimensión profundamente humana.
En su reflexión, León XIV recurrió a dos imágenes bíblicas: la Torre de Babel y Pentecostés. Babel representa, según su interpretación, una unidad impuesta desde el poder y el dominio. Pentecostés, en cambio, representa una unidad que no elimina las diferencias, sino que permite que distintas culturas, pueblos y personas conserven su identidad dentro de una comunidad.
El Papa utilizó esta contraposición para defender el diálogo entre culturas y naciones y cuestionar las formas de globalización que, a su juicio, pueden reducir las relaciones humanas a simples intercambios económicos.
Ante la crisis de confianza que atraviesan las instituciones internacionales, León XIV pidió recuperar el valor del diálogo. Reconoció que organismos internacionales enfrentan cuestionamientos y problemas de eficacia, pero sostuvo que las diferencias entre pueblos y naciones no tienen por qué convertirse necesariamente en amenazas.
Su propuesta fue fortalecer la confianza y mantener abierta la posibilidad de construir acuerdos mediante el diálogo. Al concluir su intervención, el Papa pidió que la UNESCO continúe promoviendo el entendimiento entre las naciones y que la educación sea una herramienta para superar los miedos, mientras la ciencia se mantiene al servicio de la vida humana.
El mensaje de León XIV en París dejó así una advertencia que atraviesa buena parte de los desafíos contemporáneos: el desarrollo tecnológico, científico y económico pierde su sentido cuando deja de estar orientado hacia la persona humana, su dignidad, su libertad y su derecho a vivir en paz.

