Estamos en los tiempos de la inteligencia artificial, de los grandes avances de la ciencia, pero continuamos en el atraso de las conciencias. Sí, el atraso de las conciencias, donde continúa prevaleciendo el interés particular ante el general. Se está viendo en el mundo entero y Sincelejo, desgraciadamente —porque es una desgracia—, no es la excepción.
He sido un defensor empedernido de los logros de seguridad —mal vendidos— de la administración del alcalde de Sincelejo, Yahir Acuña. Reiteradamente he dicho que la gran misión de salvar vidas que ha hecho Yahir da para un reconocimiento internacional, sin exagerar.
El vandalismo, la incertidumbre, la zozobra reinante de otros años, incluido 2023, han quedado atrás. Lamentamos profundamente el asesinato de un policía, el robo a un ciudadano y otros casos que deseamos jamás sucedieran, mas no es en la proporción de administraciones anteriores, que alcanzaban el título de casi masacres.
Hay calles con pavimento y aseguro que el alcalde de Sincelejo, de extracción popular, no permite que un niño objeto del PAE no reciba una digna ración de alimentos.
Se viene una campaña política de lucha de poder que no puede sintonizarse con ataques llenos de maldición, mucha maldad y mentira contra unos logros evidentes, que no pertenecen a un mandatario, sino a una ciudadanía.
No todo vale. Hay límites que los ambiciosos del poder, además de estar huérfanos de él, por amor propio, dignidad e incluso respeto a Dios, deben conservar. No pasar la raya. ¿Cuántos jóvenes de paz renacieron? Más de uno. ¿Van a patear y sepultar esos renacimientos? ¿Después de sepultarlos, acuden a la iglesia a alzar las manos ante Dios?
Nunca diré que Yahir Acuña es canonizable, como no lo es ninguno, en términos generales, del ámbito político, pero de allí a desestimar que se ha preocupado por los más vulnerables de Sincelejo no es justo. No es justo hasta con los vulnerables.
Por enésima vez, si Acuña no llega al poder en Sincelejo de la mano con la construcción de tejido social, que incluye el deporte, fuéramos inviables. Seríamos la ciudad del verdadero terror, lo que hoy se ha evitado con Sincelejo Ciudad Segura, que debe continuar, a menos que deseemos regresar a hacer filas en los cementerios y que le hurten hasta la limosna a la anciana que lleva sus doscientos pesos para depositar en la iglesia.
Eso pasaba en Sincelejo; hoy no pasa, sin llegar a decir que se ha logrado la perfección. Está lejos esa perfección, pero hemos dejado atrás la perdición. Hay un alcalde con errores y aciertos, acompañado de una comprometida y laboriosa primera dama. Innegable que son cercanos a la gente. Sí creo en Pa’ Lante Sincelejo.

