El deporte colombiano está de luto. Este viernes 8 de agosto, la noticia del fallecimiento de Eugenio Baena Calvo, uno de los grandes referentes del periodismo deportivo en el Caribe, dejó un profundo vacío entre colegas, oyentes, deportistas y amantes del buen relato. Su voz, que durante décadas narró con inteligencia y pasión las gestas deportivas de Colombia y el mundo se apagó tras sufrir un paro respiratorio. Fue intervenido con un cateterismo para despejar dos arterias que presentaban obstrucción, pero su corazón de 71 años que tanto vibró por el deporte, finalmente dejó de latir.
No solo fue un periodista respetado; fue un apasionado del deporte en todas sus formas. Desde diferentes medios de comunicación, defendió el juego limpio, visibilizó talentos olvidados y narró historias con alma. Su estilo pausado, elegante y lleno de conocimiento se convirtió en escuela para muchos. Pero quizás su mayor orgullo no estuvo detrás de un micrófono, sino sobre patines a través de su hija: la campeona mundial Cecilia «Chechi» Baena.
Con ella compartió no solo la vida, sino también los triunfos. Celebró sus victorias como si fueran propias, la acompañó en cada competencia, vibró con cada medalla. Fue su apoyo incondicional, su admirador más fiel, su mayor impulso. Para Eugenio, «Chechi» no solo era la hija que le dio alegrías deportivas, sino el símbolo de que el esfuerzo, la disciplina y el amor por lo que se hace tienen recompensa.
Eugenio Baena, una leyenda del periodismo deportivo colombiano, dejó una huella imborrable en el mundo del boxeo al cubrir, con pasión y rigor, los combates más memorables de figuras históricas como Kid Pambelé, Happy Lora, Rodrigo Valdés, Baby Rojas, Fidel Bassa, Chicanero Mendoza y los hermanos Cardona.
Vivió y narró medio siglo de hazañas deportivas, convirtiéndose en un cronista de lujo y en una voz autorizada que acompañó a millones de colombianos. Su trayectoria de más de 50 años lo consagra como un ícono del periodismo colombiano, admirado por su estilo preciso, cercano y apasionado.
Fue la voz central de las transmisiones de los partidos del Real Cartagena en el Torneo BetPlay Dimayor, como comentarista estelar de El Fenómeno del Fútbol en Caracol Radio Cartagena, y también en la señal en vivo del programa Buenos días, deportes.
Eugenio Baena surgió en una época dorada del periodismo deportivo, compartiendo escena con grandes referentes como Pepe Molina, Melanio Porto Ariza, Napoleón Perea y Luis Alberto Payares Villa. Todos ellos, además de ser destacados comunicadores, eran figuras influyentes en la vida social y cultural de Cartagena.
Desde 1979, cuando pisó por primera vez los campos de entrenamiento de las Grandes Ligas, Eugenio Baena no ha dejó de seguir de cerca la huella de los peloteros colombianos en Estados Unidos, acompañando cada uno de sus pasos en el camino hacia la élite del béisbol mundial.

Su partida deja una herida honda en el periodismo deportivo nacional, pero también un legado gigante: el de quien supo contar el deporte con respeto, sin escándalo, con verdad. El de quien enseñó que detrás de cada jugada hay una historia, y que en cada atleta habita una lucha digna de ser contada. Hoy, Colombia llora a un cronista de corazón, a un padre ejemplar, a un hombre que vivió para y por el deporte diciendo al comienzo de cada programa feliz día, feliz día. Paz en su tumba. Gloria eterna a su memoria.




