La principal lección que dejó la elección presidencial del 2018 al sector alternativo es que si en realidad pretenden llegar al poder y ser gobierno, es imperativa la construcción de una gran alianza. Petro, el principal líder opositor del país y quien mejor representa este sector lo han entendido a la perfección y ha hecho un amplio llamado a todas las fuerzas alternativas para realizar un Pacto Histórico, sin exclusiones, que permita materializar esta gran alianza.
Sin embargo, la Alianza Verde, que por sus banderas es uno de los movimientos llamados a integrar este gran Pacto, parece dar pasos vacilantes y hasta contradictorios. Y es que si bien los grandes electores de la Alianza Verde así como la gran mayoría de sus bases son conscientes que una confluencia de todos los sectores alternativos, lejos de ser una estrategia electoral es una obligación ética para quienes realmente quieran un cambio, hay una minoría con gran poder dentro del Partido que, a sabiendas de lo anterior, prefiere rechazar a Petro y darle prioridad a sus intereses políticos y personales.
Por cuenta de lo anterior, la Alianza Verde, cada vez menos aliada y menos verde, vive una crisis interna que de no dirimirse por medios democráticos pondría en riesgo su propia existencia. Esa minoría, encabezada por la alcaldesa Claudia López, Angélica Lozano, Juanita Goebertus y otros pocos, que tienen como elemento en común estar donde están fundamentalmente gracias al apoyo de Antanas Mockus, el gran elector de los verdes y que, sobra decir, apoya la idea de que Petro haga parte de una gran consulta, son quienes están haciendo todo lo posible por imponer su voluntad minoritaria sobre las mayorías para entregar el Partido a Sergio Fajardo, un político que ya se acostumbró a buscar a los verdes solo cada cuatro años que necesita un aval.
Para la alcaldesa y para Angélica es necesario que Fajardo sea el candidato pues ese parece ser el compromiso que surgió desde que el de Compromiso Ciudadano le dio su apoyo a Claudia a la alcaldía de Bogotá. Sobra recordar que la misma Claudia ya lo proclamó públicamente como “el próximo presidente de Colombia”.
Para Juanita Goebertus es necesario que Fajardo sea el candidato pues su interés personal de ser su fórmula vicepresidencial o aparentemente de dirigir alguna cartera pasa por cumplir el compromiso entregarle el partido. No deja de ser llamativo que estas lideresas, que públicamente han defendido la idea de no elegir a personas con cuestionamientos hasta que estos no sean completamente aclarados, no pidan lo mismo de Sergio Farjardo, que tiene a los entes de control encima por su presunta participación en Hidroituango, uno de los mayores escándalos de corrupción de la historia y, sin lugar a dudas, el peor ecocidio, y que por el contrario insistan a contracorriente en entregarle el Partido.
Espero como muchos una verdadera reflexión dentro de la Alianza Verde, porque la única lección que debió quedar aprendida de 2018 es que una gran alianza entre todos los alternativos no es una opción, es la única.




