¿Te ha pasado que te refugias en tus pensamientos y en tu mente consigues articular un entramado de ideas sobre lo que puede suceder?, ¿cuántas veces asumes que el comportamiento de otros tiene una intención particular según tu criterio? …si has respondido afirmativamente a una o ambas preguntas, muy probablemente suponer es de los errores más frecuentes en tu vida y lastimosamente es de los que interfiere en la construcción de relaciones sanas.
Cuando lo que imaginamos que pasa con esa otra persona que emite una respuesta o conducta que no se acopla a nuestra cosmovisión de la vida, tendemos a cuestionar las acciones y reaccionamos conforme a lo que creemos que sucede, sin hacer la retroalimentación respectiva con ese otro, la clave es preguntar, así podremos ver la vida como es y no como queremos verla. No con los sesgos que aportan las suposiciones y su infinita gama de matices que pueden llevarnos desde la negación absoluta hasta la distorsión de lo real.
Aunque nuestra naturaleza nos lleva a la búsqueda de descubrir nuevos conocimientos, crear y saber la razón de cualquier evento especifico, ese espíritu investigativo que nos ayuda a mantener el equilibrio emocional, que aporta el tener una respuesta (racional o no); es la razón, por la que surgen las suposiciones, como ese analgésico que calma aparentemente el malestar que nos genera la incertidumbre. Pero, la factura que nos pasa este tipo de acciones, puede generarnos un enorme sufrimiento innecesario.
¿Somos todos diferentes, porque suponemos que todos los demás deben ver la vida como nosotros lo haríamos? El estar en esta posición hace que tu percepción se distorsione para enfrentar la realidad; creando un escenario en el que tu mismo, tu misma, eres causante del infierno o el paraíso que construyes en tu mente, un drama imaginario, porque ese otro nunca podrá ver, pensar, sentir o hacer nada como tu; y si lo que esperas es tener una teoría del origen de sus acciones…hazte un favor, pregunta. Hazlo, sin juicios de valor, sobre lo que tú supones que debe decirte según tu manera construirte y ver la vida, regálate la oportunidad de conocer otro universo y sus diversas formas de pensar, sentir y hacer. No tienes que estar de acuerdo con todo, solo recuerda que ese otro tiene el mismo derecho que tú a elegir.
Si es tan sencillo preguntar ¿por qué no lo hacemos?, cual es la razón que te lleva a esconderte detrás de una suposición que te atormenta, cuando la solución se encuentra en una respuesta que solo esa otra persona puede darte. La mayoría de las veces lo que hace que esto suceda, se debe a que sentimos miedo, un temor infundado por nuestras heridas emocionales que nos envenenan el alma y la vida misma. Una herida de abandono en nuestra infancia, por ejemplo, puede manifestarse en nuestra experiencia de vida actual, porque para las emociones y el mundo psíquico es atemporal.
Entonces, si en algún momento se presenta una situación similar a la vivimos en esa etapa de la vida en la que fuimos heridos, algo nos conecta que ese temor, esa angustia que nos corta la respiración y se disparan un montón de sensaciones fisiológicas que nos dice que estamos en riesgo, y donde el malestar y el dolor pueden llegar a limites insostenibles para tu equilibrio y bienestar emocional.
¿Y sabes que es lo más interesante?, que aunque todo ese sufrimiento que estas sintiendo es absolutamente real, todo es producto del imaginario que te conecta con la suposición. Y si, estas generándole a tu experiencia, un sufrimiento innecesario (drama) por cosas que te imaginas.
Así que no supongas, libérate de los argumentos que te impiden aceptar tu universo interno y que interfieren en el descubrir nuevas perspectivas, maneras de ver, pensar, sentir y hacer que habitan en la respuesta del otro. Y si te genera dolor su respuesta, recuerda que la emoción que experimentas vino a sanar esa herida, mantén tu atención en las señales que tu cuerpo y tu mundo interno te muestran, para que todo lo que vivas sea una herramienta de crecimiento personal.
Solo tu tienes el poder de vivir tu vida con bienestar emocional y felicidad; así que te recuerdo, si tienes dudas, pregunta una y otra vez hasta que hayas llegado a un punto de equilibrio, que te permita dejar atrás la esclavitud de las suposiciones.
No tienes que transitar este camino solo, sola, si necesitas ayuda para comprender como gestionar tus emociones y comprender tu mundo interno, existen personas con formación profesional, que podemos acompañarte. Un fuerte abrazo a tu alma.

