El cáncer de mama es una de las principales causas de mortalidad entre las mujeres en Colombia. En el último boletín del Ministerio de Salud y Protección Social referente a esta condición, se describe que hasta el 30 de abril de 2025 se habían diagnosticado 125.446 mujeres con cáncer de mama invasivo en el país. Pese a las campañas frecuentes para promover la realización de tamizajes, la detección temprana sigue siendo un desafío; por lo tanto, la morbimortalidad relacionada continúa siendo significativa.
Cada 21 de octubre se conmemora el Día Mundial de Lucha contra el Cáncer de Mama. Sin embargo, durante todo el año se visibiliza desde diferentes sectores la importancia del autoexamen mamario como herramienta de autocuidado y conocimiento corporal para la detección temprana de posibles anomalías, así como la realización de mamografías de tamizaje, de acuerdo con las edades y lineamientos establecidos.
El impacto de este diagnóstico no solo afecta la salud física de la persona que lo padece, sino también su salud mental y su salud sexual. La angustia asociada a la enfermedad, el temor a morir o a sufrir, sumado a los procedimientos quirúrgicos y farmacológicos, inciden directamente en el funcionamiento sexual.
La mastectomía y la caída del cabello después de la quimioterapia son, en muchas ocasiones, interpretadas como una pérdida de la integridad corporal o de la feminidad. Los efectos de los tratamientos suelen ocasionar agotamiento físico, sequedad vaginal y dispareunia (dolor durante las relaciones sexuales), situaciones que impactan directamente en la autoestima y en la energía sexual, reducen el deseo y dejan poco espacio para la intimidad y el placer, especialmente en la etapa inicial del diagnóstico. Incluso cuando existe disposición para ello, no es infrecuente que las parejas eviten la actividad sexual por miedo a lastimar o causar incomodidad a la persona con cáncer.
Dentro del manejo del paciente oncológico, con frecuencia se prioriza la supervivencia y se omite la esfera de la salud sexual, como si tener cáncer fuera sinónimo de asexualidad. Es poco común que las pacientes verbalicen sus preocupaciones sobre su vida sexual, y es fundamental recordar que la sexualidad trasciende la genitalidad o el coito.
La dinámica de las relaciones interpersonales también se ve afectada. Si la persona tiene pareja, esta nueva realidad implica ajustes en la intimidad y en la relación; si no tiene pareja, se ha documentado una mayor dificultad para establecer nuevas relaciones. La percepción de feminidad y belleza se transforma según los estereotipos culturales, impactando su autoestima. El dolor, la fatiga y el silencio alrededor de esta realidad perpetúan las dificultades sexuales asociadas, generando un círculo de depresión, ansiedad y disfunción sexual.
Es imperativo que el Sistema de Salud, los profesionales a cargo de la atención y las propias pacientes asuman un rol activo en el abordaje de la salud sexual. Se debe brindar una atención interdisciplinaria sin barreras, donde se hable del cuerpo, del placer y de la sexualidad tan abiertamente como se habla del dolor, de las quimioterapias, de las radioterapias y de las mastectomías. Es fundamental facilitar la derivación temprana a sexología clínica, para ofrecer el acompañamiento médico y psicoterapéutico necesario, impactando directamente en la calidad de vida y en el bienestar integral de quien padece la enfermedad.



