Nicolás Maduro Moros y su esposa comparecieron ante una corte federal de Estados Unidos, donde se declararon no culpables de los cargos que les imputan las autoridades judiciales estadounidenses, según confirmaron fuentes oficiales del proceso.
La audiencia marca un nuevo capítulo tras la captura y traslado de Maduro fuera del territorio venezolano, hecho que generó reacciones inmediatas en la región y abrió interrogantes sobre el futuro político del chavismo y la gobernabilidad en Venezuela.
De acuerdo con el procedimiento habitual en el sistema judicial federal de EE. UU., la declaración de no culpabilidad activa la fase probatoria del caso, en la que los fiscales deberán presentar evidencias, testimonios y eventuales acuerdos de cooperación. El proceso se desarrollará bajo jurisdicción estadounidense y no contempla participación directa de autoridades venezolanas.
Fuentes cercanas al caso indicaron que la defensa de Maduro se enfocará en impugnar las pruebas presentadas por la Fiscalía, mientras avanzan los trámites previos al juicio.
La ausencia de Maduro del escenario político venezolano ha generado movimientos internos dentro del oficialismo. Analistas coinciden en que el país enfrenta un momento inédito, con un liderazgo en transición y con el chavismo intentando reorganizar su estructura sin su figura principal.
En este contexto, la vicepresidenta Delcy Rodríguez ha asumido un rol central en la administración del poder político y en la interlocución internacional. Su actuación en las próximas semanas será clave para definir la dirección del gobierno venezolano y sus relaciones con la comunidad internacional.
Hasta el momento, figuras históricas del chavismo, entre ellas Diosdado Cabello, no han emitido pronunciamientos públicos sobre la comparecencia judicial de Maduro. Este silencio ha sido interpretado por observadores como una señal de cautela en medio de la incertidumbre política. Las autoridades venezolanas tampoco han ofrecido una declaración institucional amplia sobre el alcance del proceso judicial en Estados Unidos.
El caso tiene repercusiones más allá de Venezuela. Colombia, país fronterizo y actor clave en la dinámica regional, observa con atención la evolución del proceso. Durante años, la cooperación bilateral estuvo marcada por la seguridad fronteriza y la presencia de grupos armados ilegales en zonas limítrofes.
Fuentes de seguridad han advertido que cambios en el control territorial venezolano podrían generar movimientos de estructuras armadas hacia la frontera colombo-venezolana, lo que obligaría a ajustes en los esquemas de vigilancia y control.
El gobierno colombiano, encabezado por Gustavo Petro, no ha emitido una posición oficial sobre la comparecencia de Maduro, aunque se espera un pronunciamiento en los próximos días dada la relevancia del caso para la estabilidad regional.
Desde Washington, funcionarios estadounidenses han reiterado que el proceso contra Maduro hace parte de una estrategia de judicialización de redes criminales transnacionales, con énfasis en delitos financieros, narcotráfico y corrupción. El desarrollo del caso será seguido de cerca por gobiernos de América Latina y organismos internacionales, ante las posibles consecuencias políticas, judiciales y de seguridad que pueda generar en la región.
Por ahora, la declaratoria de no culpabilidad abre formalmente el proceso judicial, mientras el futuro político de Venezuela y el equilibrio regional permanecen en una fase de redefinición.

