Felipe Zuleta es abogado y periodista, un hombre culto. Sin embargo, parece cargar en su interior una serie de conflictos profundos. Su alma está enferma. Cuando una persona de su talante siente un odio tan visceral como el que manifiesta contra el presidente Gustavo Petro —odio que exterioriza de manera cotidiana, tanto en público como en privado—, es evidente que sufre por dentro. No hay otra forma de explicar una animadversión cargada de tanta bilis.
Ese odio quedó en evidencia cuando afirmó que Donald Trump debería venir a Colombia a hacer lo mismo que hizo con Venezuela. No fue un desliz: lo repitió varias veces en Mañanas Blu, programa del que es panelista.
En la misma línea, la periodista Vicky Dávila, hoy precandidata presidencial, ha hecho afirmaciones similares, al igual que otros personajes que odian abiertamente al presidente y que podrían verse comprometidos en demandas ante la Corte por conductas que rozan la antipatria.
Desde el momento en que Gustavo Petro se posesionó como presidente, la derecha —que históricamente ha gobernado este país— ha hecho todo lo posible por impedirle gobernar. No importa que a Colombia le vaya mal; lo único que les interesa es que Petro salga de la Presidencia, sin importar el precio.
Para ello, han recurrido a medios de comunicación que son de su propiedad, con el fin de convencer a la audiencia de que su argumento es válido y sostenible: Colombia sin Petro. No es casualidad que muchos precandidatos presidenciales fundamenten hoy sus discursos en esa misma consigna: Afuera Petro.
Sin embargo, han olvidado un detalle fundamental: no hablan de sus planes de gobierno. El único que parece entenderlo es Sergio Fajardo, quien, bien asesorado, recuerda su gestión como alcalde de Medellín y gobernador de Antioquia.
La derecha parece ignorar que este ya no es el mismo país. No comprende que el pueblo está cambiando y abriendo los ojos. No debería sorprenderles que Iván Cepeda sea el próximo presidente. Así lo señalan las encuestas.

