«Algo está pasando por la mente de muchos mandatarios del mundo. Y si en Estados Unidos llueve, en Colombia no escampa. La libertad de prensa no se concede como un favor del poder: se respeta como un derecho fundamental».
EE. UU. siempre se ha ufanado de ser la mejor democracia del mundo, donde la libertad de prensa ha sido una de sus principales premisas de respeto. Sin embargo, en los últimos días, los medios estadounidenses, para sorpresa mundial, están denunciando a la administración Trump por una implacable e injustificada censura contra algunos medios de comunicación acreditados en la Casa Blanca, tales como MS NOW, CNN y Politico.
Estos medios acordaron demandar a la administración Trump ante el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos para el Distrito de Columbia, con sede en Washington D. C. El juez federal de distrito Timothy Kelly fue asignado para impartir justicia. Las razones expuestas son claras y están amparadas por la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense, especialmente cuando se intenta coartar flagrantemente los derechos a la libertad de expresión y de prensa.
Pero ¿qué dice la Primera Enmienda al respecto? En primer lugar: «El Congreso no aprobará ninguna ley con respecto al establecimiento de una religión, o que prohíba el libre ejercicio de la misma; o que reduzca la libertad de expresión o de prensa…».
También se le impide al Estado que censure, controle o imponga restricciones previas a la labor de los medios de comunicación. Dicha protección ampara a periódicos, libros, revistas, transmisiones y cualquier medio que difunda información y opiniones al público, incluso cuando se cuestionan actuaciones o intervenciones del Gobierno o de funcionarios públicos, sin temor a represalias.
Que Trump esté inmiscuido en asuntos judiciales no es nuevo para él. Ya tiene en su hoja de vida el diploma de presidiario, con el honorífico número P01135809. Sus delitos son conocidos, como el intento de robarse las elecciones de 2020 en Georgia, la manipulación de documentos y archivos clasificados, los cargos penales en cuatro jurisdicciones y el pago de sobornos a modelos y estrellas porno que hicieron parte de sus apetitos sexuales.
Lo que forma parte de la política estadounidense es que Donald Trump posee inmunidad presidencial, como lo determinó la Corte Suprema de Justicia. El «mono del norte», como le dicen cariñosamente sus amigos republicanos, hace parte del capitalismo salvaje que se está apoderando del mundo, compartiendo escenario con mandatarios que fácilmente pasan de demócratas a dictadores, a sabiendas de que sus variables económicas no están en sus economías, tampoco en sus riquezas y mucho menos en sus raídos sistemas de producción. Por tal razón, consideran necesario invadir o apoderarse de países que tienen reservas naturales y sofisticados medios de producción que los invasores requieren para su propio beneficio (motu proprio).
Esa irracionalidad del poder ha llevado a Trump a «darse la pela» con Raimundo y todo el mundo. Lo último es lo ocurrido con algunos medios de comunicación acreditados en la Casa Blanca. También lo ha hecho con la Corte Suprema de Justicia, jueces de la República, empresarios, integrantes de su propio gabinete y gobernadores de Massachusetts, Nueva York, California, Illinois y muchos más, cuando intenta eliminar, en contra de los preceptos de su Constitución Política, las libertades civiles y el Estado de derecho, no solo de la prensa, sino también de la población, en especial de los inmigrantes. Con ello, vulnera derechos y libertades fundamentales, pilares de una sociedad estadounidense que se consideraba la mejor democracia del mundo.
El mundo está estupefacto con Donald Trump. Médicos y científicos alegan que posee altos índices de aporofobia y lo describen como díscolo, discriminatorio, hostil y violador de los derechos humanos, aplicando el síndrome del poder como una herramienta para amenazar tanto a enemigos como a amigos, demostrando una aparente irracionalidad para que sus amenazas parezcan reales.
Su irracionalidad aumentó con el respaldo que otros medios les dieron a los censurados, especialmente cadenas estadounidenses de la importancia de ABC, CBS, Fox News y NBC, todas ellas integrantes del grupo encargado de preparar y difundir por televisión los eventos y las imágenes presidenciales a medios de todo el mundo.
Lo que no entendemos es que Trump encasilló a los medios vetados como representantes de la «prohibición de la prensa libre», pero también expresó que no había habido ningún incidente concreto que hubiera provocado esta medida y que otros medios podrían verse afectados, como The New York Times y The Washington Post, a los que ha calificado de «noticias falsas».
Afirmar mundialmente que MS NOW, CNN y Politico son medios corruptos, sin pruebas, es un señalamiento gravísimo. Y asegurar que son «una amenaza para nuestra seguridad nacional y hay que detenerlos ya» va mucho más allá de una simple locura presidencial.
Algo pasa por las mentes de muchos mandatarios mundiales… Y si en USA llueve, en Colombia no escampa… La prensa libre y objetiva se respeta…

