Es una mañana soleada que vislumbra el paisaje sabanero sobre el Rio San Jorge, al pasar el puente Guayepo en la vía que comunica a San Marcos con Majagual; en medio de hermosos matorrales de bocachico y taruyas de colores, un chavarrí (Chauna chavaria) con su canto nos da la bienvenida a la puerta de la Mojana.
Al avanzar sobre los kilómetros de la extensa carretera que serpentea las ciénagas de mosquito, rabo del tigre y cuiva, se siente el aroma campesino donde pescadores con atarraya atrapan bocachicos y mojarras, mientras un carrao en lo más alto de un árbol de Guasimo lamenta la perdida de sus terrenos.
La causa es un bovino de muchas toneladas, negro como la noche y con cuernos retorcidos como los descritos por los indígenas en cuentos ancestrales, que sin pedir permiso se ha adueñado de las tierras de una de las reservas humedales más grande de Colombia. No es una novedad debido a que ambientalistas y protectores de la región han manifestado ante Corpomojana su preocupación por la destrucción del ecosistema en las tierras del sur de Sucre a causa de la ganadería extensiva de Búfalos en esta región.
Don Eusebio es un campesino que vive en una pequeña parcela del Caño de Viloria, quien con la voz triste y lastimera me cuenta el daño ecológico que estos intrusos traídos por hacendados irrespetuosos de la sabana han causado en las tierras, algunas vírgenes de la región del Bajo San Marcos, San Benito y Majagual.
En épocas de invierno los caños y quebradas además de ser una fuente de alimento eran el camino para comunicar caseríos a peso de canalete y a bordo de canoa; hoy los búfalos han desviado el cauce, aumentado la sedimentación y acabando con la vegetación, lo cual ha traído como consecuencia la migración de la fauna propia de la región. Refiere Eusebio que en estos momentos ver volar un pato yuyo, un pato cucharo, un pisingo o hundir a una nutria, es algo exótico cuando antes merodeaban alrededor de sus casas.
La Asociación Colombiana de Búfalos (Asobufalos) basándose en la producción de carne y derivados lácteos justifica el crimen ambiental que se está cometiendo y anota que al ser un animal herbívoro es “normal” que tratando de buscar su comida acabe con todo lo que encuentre a su paso incluyendo “ojos de agua” y áreas indispensables para el sostén ambiental de los ecosistemas.
Alba Lucía Suárez, directora ejecutiva de dicha asociación anoto que “Los búfalos no son responsables de la destrucción del ecosistema. Por el contrario, dan valor a tierras o áreas que no han sido apreciadas o en las que no se puede desarrollar otra ganadería”.
Es claro que en esta zona de reserva humedal el impacto negativo de la inclusión de una especie no nativa está acarreando compactación, erosión, disminución del balance hídrico, contaminación orgánica, gases de invernadero, emisión de metano, transformación de biomas, extinción de especies de flora y de fauna; convirtiendo el hermoso paisaje de la Mojana donde garzas morenas, carraos y guartinajas engalanaban el amanecer campesino en una zona árida y desértica dibujada por bestias negras introducidas por colonos y que gracias al silencio de las autoridades tienen pensado quedarse.
Es la crónica del fin de las humedades de Sucre mencionados por cantantes, pintores y escultores. Esa poesía paisajista donde el hombre Hicotea miraba desde el puerto de San Marcos y bajo los dominios de su ciénaga la riqueza de nuestra tierra.

