Reanudación de bombardeos a otros países, ampliación de campos de concentración para niños migrantes, improvisación en el manejo del Covid-19, afectación de los derechos fundamentales de las mujeres y promoción de la cultura sodomita son algunas de las desesperanzadoras maniobras que viene realizando el presidente, Joe Biden, en su primer mes de gobierno en los Estados Unidos. A pesar que el establishment americano, donde se orquestó el arrebatamiento del poder político, se encuentre tratando de perfumar esta realidad, en especial, desde la prensa y Hollywood, es inevitable que el mundo observe el abismo en el que están cayendo.
El declive norteamericano es algo comentado en diversos sectores del pensamiento desde hace un tiempo. En el año 2011, el pensador de origen judío, Noam Chomsky, profesor emérito del Instituto Tecnológico de Massachusetts, escribió una columna sobre la decadencia de los Estados Unidos, donde citó un artículo de la revista de la Academia de Ciencias Políticas, según el cual, ese país: “hace apenas unos años era saludado como un coloso que dominaba con paso seguro el mundo entero, detentando un poder sin paralelos y un estilo de vida inmensamente atractivo, se halla hoy en decadencia, encarando la ominosa perspectiva de su propio desmoronamiento”.
Las afirmaciones de la revista de la Academia de Ciencias Políticas y del pensador, Noam Chomsky, se dieron luego de dos años de gobierno de Barak Obama, el cual, coherente con las predicciones, terminó siendo un catalizador, que no sólo aceleró el fenómeno advertido por los sectores del pensamiento, sino que profundizó la crisis moral de la sociedad americana y agrietó aún más las diferencias ideológicas en Estados Unidos. Hoy día, Obama es uno de los grandes promotores de un discurso divisorio, que viene generando agudas diferencias en ese país, a través del uso de expresiones como: “the White Resistance” (la resistencia blanca).
Desde el enfoque económico, antes de su mandato, el gobierno Obama estaba advertido sobre las maniobras que estaban realizando grandes empresas de Estados Unidos, las cuales venían golpeando la economía y aumentando las cifras de desempleo en ese país. En el año 2006, el escritor y periodista, Thomas Friedman, ganador del Premio Pulitzer en tres ocasiones, escribió el libro: La Tierra es Plana. Breve historia del mundo globalizado del Siglo XXI, donde describió la tendencia de las grandes compañías americanas de abandonar las inversiones en su país y trasladarlas hacia países como China o India, entre otras razones, porque en esos países encontraban mejores condiciones de inversión.
Con el presidente, Donald Trump, Estados Unidos trató de recuperar su identidad nacional, sus tradiciones familiares y su fortaleza económica. Además, los bombardeos a países extranjeros fueron interrumpidos, durante cuatro años nunca se inició un conflicto bélico; se suscribieron acuerdos sin precedentes, que lograron traer paz entre los países de medio oriente e Israel; se ordenó el retiro de las fuerzas americanas en varias zonas del mundo; se incrementó la lucha contra la trata de personas y el narcotráfico; se logró disminuir a cifras históricas el desempleo a nivel nacional. Sin embargo, la crisis del Covid-19 y el nuevo gobierno han devuelto a ese país al camino de antes.
Actualmente, a pesar que Estados Unidos siga siendo una potencia económica, pero esta vez, con una hegemonía financiera que tiene los días contados por la amenaza China, lo cierto es que la sociedad americana dejó de ser potencia cultural y acaba de abandonar su posición como potencia diplomática. Las ansias del poder del Partido Demócrata terminaron exacerbando unas corrientes de pensamiento peligrosas para ese país y para el mundo, las cuales, han generado una división interna que tiene sumida a la sociedad americana en constantes disputas y amenazada por la violencia de grupos marxistas radicales como Black Lives Matter o ANTIFA.
La comunidad internacional se ha pronunciado contra las nuevas corrientes de pensamiento americanas. Hace unos días, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, junto con diversos intelectuales franceses, alertó que desde las universidades de Estado Unidos se vienen gestando unas ideologías peligrosas para la historia de Francia y para la academia francesa, las cuales han entrado progresivamente a ese país y vienen calando las instituciones galas.
Por otra parte, el gobierno demócrata abandonó la posición que tenía Estados Unidos como potencia diplomática, la cual había sido fortalecida en el periodo Trump, mediante la interrupción de las invasiones militares a tierras extranjeras y el establecimiento de acuerdos de paz emblemáticos a nivel internacional. Ahora, nuevamente se retomó la política de bombardeos y expansionismo militar hacía otros países, con un enfoque internacional dirigido a reestablecer relaciones con Irán, Venezuela y Cuba, fuertes violadores de derechos humanos.
Para fortuna de unos y desgracia de otros, Estados Unidos dejó de tener hegemonía como potencia cultural, también, como potencia diplomática. Sólo tiene solidez como potencia tecnológica, pues, su poder económico será superado prontamente.

