Nos han hecho creer que la sexualidad se reduce únicamente a la penetración. Pero no, la sexualidad no es solo desnudarse físicamente: es también desnudar el alma, mostrarnos vulnerables, y a la vez sentirnos protegidos, vistos y acompañados.
Durante años, a las personas mayores que mantienen su interés sexual se les ha tildado despectivamente de “viejos verdes”. Este término peyorativo nace del desconocimiento y los tabúes que aún rodean la sexualidad en la vejez, como si envejecer fuera sinónimo de asexualidad. Como si cumplir años apagara de forma automática el deseo, el erotismo y la pasión.
Es cierto que el paso del tiempo trae consigo cambios corporales inevitables: sequedad vaginal, mayor tiempo para lograr una erección, disminución del volumen eyaculatorio, entre otros. Estos son efectos naturales de la disminución hormonal. Sin embargo, eso no significa que se pierda la capacidad mental y emocional de disfrutar y sentir placer.
Numerosos estudios sobre sexualidad en la vejez coinciden en que la forma en la que envejecemos influye directamente en nuestro funcionamiento sexual. Es decir, si antes de envejecer llevamos estilos de vida saludables, somos activos física y sexualmente, será mucho más probable que en la vejez sigamos disfrutando del erotismo y el placer. Por el contrario, si acumulamos hábitos nocivos, enfermedades crónicas, y hemos tenido experiencias sexuales insatisfactorias o traumáticas, el deseo sexual tenderá a disminuir.
Aun así, muchas personas mayores optan por seguir disfrutando de su sexualidad en todas sus dimensiones. Algunas, sin pareja, se sienten cómodas explorando su erotismo a través de prácticas autoeróticas o abriendo la posibilidad a nuevos vínculos afectivos. Quienes tienen pareja, por su parte, suelen resignificar el vínculo emocional, valorando más el tiempo compartido, los abrazos, las caricias, los besos y las expresiones afectivas que no necesariamente implican genitalidad.
En este sentido, la compañía, la validación emocional o incluso una conversación significativa pueden ser más que suficientes para experimentar plenitud y satisfacción sexual.
Con los años, las personas mayores acumulan experiencias, se conocen mejor a sí mismas, saben qué les gusta y qué valoran realmente en la intimidad. Y si tú, que lees esto, eres una persona mayor que aún no ha logrado disfrutar plenamente de su sexualidad, recuerda: ¡nunca es tarde para encender de nuevo la llama!



